Don
Benito del Valle Lezcano, mi padre, mi viejo, hubiera cumplido años
hoy. Mi padre, el empleado ferroviario de Tafí Viejo; el hombre de oro que venía a Buenos Aires y nos llevaba cosas que en Tucumán no había. Usaba las palabras de Tucumán para pedir cosas en Buenos Aires y los vendedores no le entendían; una vez pidió "cien bolillas y tres yutas"; tuvo que explicar que quería bolitas y bolones, como se dice aquí. Siempre decía cuando le gustaba algo, una comida por ejemplo, que
para el 3 de abril lo íbamos a tener. Hoy es 3 de abril y no lo tenemos a
él. Pero es mi padre, mi viejo, el que siempre estará en el corazón de
sus hijos, los que lo quisieron tanto y que lo ven de nuevo, cada vez
que una estrella nos mira desde el cielo.
Anoche lo vi en un sueño; un tren se me vino encima y lo esperé con ansias; lo quise detener y se iba. El tren era una luz veloz que cruzaba la noche. El tren de luz era el recuerdo de mi padre. Mi sueño era mi deseo de tenerlo aquí y la luz que me iluminó era su amor eterno.
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