lunes, 5 de enero de 2026

Andando en bicicleta por Tafí Viejo

 






Andando en bicicleta por Tafí Viejo

-Andá con cuidado mijo, dijo mi mamá.
Salgo con la bicicleta por la Balcarce hacia la Reconquista. He iniciado el camino con el revoleo de la pata para arrancar hacia mi vuelta de la tarde. Ya empieza el ritmo del pedaleo, estoy en la esquina de la casa de la Cuqui, doblo a la derecha a paso tranquilo, no viene nadie en sentido contrario y tampoco hay alguien detrás mío. Voy mirando a mi lado la cuneta con un hilo de agua que viene del cerro y lo yuyos de brillante verde entre los cuales están las flechitas, que juntábamos con los changos. Paso por las casas de la Hermelinda y Roly, la señorita Gregori, mi profesora de Contabilidad en el Colegio.
Doblo a la izquierda en la Chacabuco, la esquina de Toro Mocho y Canqui. Voy por la derecha y veo en la esquina la entrada a la cancha de Villa Mitre, paso el portón de entrada recorriendo la alta pared blanca del club. A la izquierda está la casa de Leyton, donde Ricardo compraba los sanguches de miga para el 25 de diciembre y el 1° de enero. Recuerdo que en el festejo del Mundial del 78, Leyton se abrazaba con Ricardo en la avenida y gritaban: Holanda no me llore! Veo la casa de Banana, el tío de Yunín, el utilero de Mitre. El que me dio la ropa cuando jugué en la sexta división contra Unión Cerveceros, San Martín y otros.
Miro el manubrio palomita de mi bicicleta azul marca Jorrat y veo cómo el viento taficeño hace volar las cintitas que le pusimos con mi hermana. Doblo a la derecha en la Irigoyen, miro la espalda de la tribuna de Mitre, inmensas para mí en esa época. Paso por enfrente de la casa de Nariz, uno de los líderes de la barra. Llego a la esquina de la canchita donde jugábamos con Marino, Marcelo y otros changos. Allí llevé una vez a mi primo Horacio Diaco que vivía en Buenos Aires y nos visitaba en verano. Él jugaba bien, lástima que tenía la camiseta de River. Marcelo era hincha de Estudiantes de La Plata y yo le decía Santechia en esos partidos. Al final del juego nos sentábamos en medio de la cancha a descansar y hablar, los mosquitos nos querían llevar. Nosotros nos poníamos ramitos de ruda en las orejas y así los mosquitos no se acercaban. Horacio no se quería poner ruda en la oreja.
Cruzo la Sargento Cabral, a mi derecha está la escuela 46, donde enseñó mi tía Rosa. Yo fui a esa escuela a cortarme el pelo con los alumnos de Peluquería. Ichilo Torres me cortaba. Cada pedaleada es un recuerdo, ya me acerco a la Laprida y doblo hacia la avenida, paso por la casa de mi tía Luisa, veo allí la casa de siempre, mi tía está barriendo la vereda, la saludo y sigo mi viaje. En mi época de la primaria por allí vivía mi amigo el Chacho Coronel. Voy llegando a la avenida, veo el bar 103. Cruzo la avenida y ahora la calle es Congreso, paso por Felman, la telefónica, el Ñato Lenzo, la panadería Fernández, el Correo. Cuando llego a la mitad de la cuadra mi corazón se acelera. Miro la casa de la derecha y me parece verla salir como cuando íbamos al Colegio. Ella con su guardapolvo blanco y la cinta verde, igual que sus ojos.
Llego a la esquina del Negro Cayiya y de Roly Velárdez, doblo a la derecha enfilando hacia la plaza. La encuentro impecable entre los naranjos verdosos y coloridos, atrás a lo lejos está el cerro, que me ha seguido en todo este recorrido. Ahora que estoy de frente a él veo su mirada, la misma que he tenido a mis espaldas y hacia mis costados en todo mi viaje.
- Don Julio, está bien, puede ir pedaleando más despacio, el estudio está terminando, me dijo el médico que me hacía hoy el Eco Estrés.
El esfuerzo consistía en pedalear a ritmo sostenido. Me propuse imaginar un recorrido taficeño en mi bicicleta Jorrat y así pude hacer el examen cardíaco sin inconvenientes.

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