martes, 6 de agosto de 2024

Paisaje galáctico


 


Paisaje galáctico

Con el paso del tiempo el bravo mar, otrora invencible, se está yendo y deja sus cosas en el camino de despedida. Enormes rocas que nunca hemos visto van formando una muralla para que el mar no regrese.  Hay arena que mantiene los pasos de quienes han vivido allí. Son pisadas que van y vienen, no sé si llegan o se alejan, solo sé que han sido testigos de algo, de la vida anterior. Se ha creado una alternativa de vida paralela en un mundo nuevo, hay puntos elevados que se mantienen estoicos en su mundo natural. Su símbolo es el faro de luz que ha quedado, porque sigue iluminado, así como antes, a los habitantes de ahora.

viernes, 28 de junio de 2024

Camille Claudel

 

El apasionante mundo de las biografías
Camille Claudel (Francia 1864-1943)

Camille Claudel, siempre a la sombra de su mentor y amante Auguste Rodin. Sin embargo, su talento fue equivalente, e incluso hay quien afirma que la escultora ayudó a dar forma a algunas de las grandes obras del maestro (por no decir que éste las robó directamente).
Lo que es seguro es que si Claudel hubiera nacido hombre, su reconocimiento hubiera sido otro.

Camille Claudel nació escultora. Desde muy pequeña disfrutaba moldeando el barro y ya se veía su capacidad para reflejar en ese material los rostros de sus seres queridos. Un juego que duró al hacerse mayor y que no gustó en absoluto a su familia, que la veían como una futura esposa, madre y «artista del hogar».

Con 17 años fue admitida en una Academia de Arte parisina y de pronto, Auguste Rodin se percató del talento artístico de la joven, entrando en su vida como un terremoto. De alumna del ya legendario escultor pasaría a convertirse en su musa, y de ahí a amante.

El talento de Claudel era evidente, pero la envidia y el machismo de la época hicieron que fuera objeto de comentarios desafortunados que ponían en duda su capacidad artística. La sombra de Rodin era demasiado larga y la artista empezó a tener una relación de amor/odio. Amaba al maestro con toda su alma, pero también lo odiaba por recibir él todo el reconocimiento público, constantes encargos y alabanzas. Ella era su simple alumna y amante.

Claudel finalmente abandonó a Rodin (que no pensaba dejar a su esposa) y acabaría enloqueciendo… O eso dicen. Recientes biografías hablan de manipulaciones y maltratos por parte de su entorno, e incluso fue obligada a entrar en un sórdido psiquiátrico con el diagnóstico oficial de «manía persecutoria y delirios de grandeza».

En total, 30 años de injusta reclusión en un sórdido lugar en el que se le negaron las visitas y en el que murió sin realizar una sola obra.

Aún así, la escultora dejó una obra de apabullante talento. Su naturalismo tenía rasgos de impresionismo y simbolismo, buscando siempre la emoción que se traduce en un exquisito dramatismo gracias a un perfecto dominio de las técnicas y a su enorme sensibilidad.

Gracias a ella, se demostró que es posible esculpir la emoción.

Fuente de la información: https://historia-arte.com/artistas/camille-claudel

sábado, 8 de junio de 2024

Villa Mitre vs. San Martín - Dos anécdotas

 





Hoy supe de este partido. Cuando vi el flyer, de inmediato volaron mis recuerdos, porque tengo una anécdota imborrable.
Yo jugué en la sexta división de Mitre contra San Martín en la Ciudadela. No me acuerdo cuántos nos metieron.
Yo jugaba de wing derecho, ahora se dice extremo. El técnico me dijo que yo tenía que gambetear el 3 de ellos, ir al fondo y tirar el centro. Yo lo hice, lo pasé al 3, que era un "chuncudo" (*) y tiré el centro fuerte arriba, pero no había nadie nuestro en el área. Ahí me gritaron ¡bien Julio!, era mi hermano que estaba solo en la tribuna atrás del arco. Nunca me olvidaré ese grito.
Todo eso para mi es emoción. Pero puedo engancharla con otra anécdota.
Cuando me recibí en la facultad, se hizo la ceremonia de entrega de diplomas en el salón de actos, un lugar muy lindo. Fuimos todos vestidos muy elegantes, toda mi familia. Saco y corbata todos los caballeros. Cuando me nombraron a mi, con toda la formalidad del caso, empecé a caminar hacia el escenario y subí para recibir el diploma, Ricardo me gritó, desde la platea: ¡bien Julio!, igual que en la Ciudadela.
Por esas dos anécdotas quiero tanto a San Martín y a mi profesión.
(*) para mis amigos de Buenos Aires "chuncudo" quiere decir que tiene las chuncas (**) grandes.
(**) las chuncas son los muslos.

De vuelta a las caminatas en Parque Norte. Vamos!





 


martes, 4 de junio de 2024

Mi viejo colegio secundario

 

"Escribir es un modo de soñar, y uno tiene que tratar de soñar sinceramente. Uno sabe que todo es falso, pero sin embargo, es cierto para uno. Es decir, cuando yo escribo estoy soñando, sé que estoy soñando, pero trato de soñar sinceramente"
Jorge Luis Borges
Ilustración

Edificio donde fue mi colegio secundario, en la calle Saenz Peña, en Tafí Viejo. Perdón, no recuerdo las calles que cortaban a la Saenz Peña a esa altura. Si alguien me ayuda, se lo agradeceré. Allí estudié desde 1970 hasta 1974, en la Sección Comercial Anexa al Colegio Nacional José de San Martín.
Una anécdota no de aquella época sino de octubre de 2019. Viajé con un grupo de compañeros de Aerobismo a Tucumán, nos alojamos en la ciudad y un día hicimos una excursión a Tafí Viejo. Fuimos en una combi que tenía un chofer muy joven. Cuando cruzamos las vías de la Parada del Tiro, le dije al chofer que fuera por la Saenz Peña, meta, me dijo. Yo iba mostrando a mis compañeros el camino y contando cosas como un experimentado guía. Cuando estábamos cerca de este edificio, le dije al chico que parara frente al colegio. Qué colegio?, me dijo. Ahí dije, donde estaba el Comercial. Había un colegio aquí?, me preguntó el chico, sí, le dije, aquí estudié yo.
El chico chofer me miró, miró el colegio (para mi) y movió la cabeza de un lado a otro como diciendo: quién será este viejo?
Este año se van a cumplir 50 desde que egresamos de ese querido colegio secundario.
Saludos a mis compañeros de la Promoción 1974, centro pro gira "Ruidos".

Taller de Escritura Creativa - Presentación de la Antología 2023

 





Antología Taller de Escritura Creativa

Profesora Belén González Johansen - CABA, 31 de mayo de 2024

Prólogo

Soñar sinceramente


"Escribir es un modo de soñar, y uno tiene que tratar de soñar sinceramente. Uno sabe que todo es falso, pero sin embargo, es cierto para uno. Es decir, cuando yo escribo estoy soñando, sé que estoy soñando, pero trato de soñar sinceramente"

Jorge Luis Borges


"En mi caso escribir - y escribir mucho, aunque sea de manera imperfecta - significa un esfuerzo por desenrollar una especie de madeja interna. Llegar a ser, mediante el trabajo, uno mismo. Es decir, trascenderse a sí mismo para llegar a ser quien uno es y no sabe"

Sara Gallardo

jueves, 11 de enero de 2024

El mazazo

 

El mazazo

Bacacay 2186. En la esquina con Gavilán, en el barrio de Flores, estaba nuestra casa en Buenos Aires. Era el año 1981, en una tarde calurosa de enero, tal vez era el 10 de enero, quizás era un día como hoy. Podrían darse muchas similitudes entre aquel día y hoy, calor, humedad, sol, en Buenos Aires; pero la realidad es que aquella realidad era muy distinta a la de hoy.

Como muchas tardes de 1981, yo llegaba a mi casa y mi papá estaba allí, recién llegado de su trabajo, me esperaba con el mate cocido. A veces yo traía unas tortillas de alguna panadería vecina a la oficina y las compartíamos con mi mamá y Ricardo también. Mi papá era el especialista en preparar el mate cocido en un jarro. Hervía el agua y le agregaba la yerba, varias cucharadas, para que sea bien verde, como decía él.

Aquella vez vi que en mi taza había algunos palitos de yerba y le pregunté: está colao el mate cocido papá?, está recontra colao, mijo, me respondió. Se me dibuja una sonrisa con solo recordar la pregunta y la respuesta, la misma que esbozó Ricardo al escuchar. Disfrutamos de nuestra merienda y nos contamos las cosas del día. Al terminar, el papá nos dijo: vamos a mirar los trenes. Vamos, le dijimos.

Saliendo del edificio a la izquierda estaba la calle Gavilán, caminando por la vereda, al doblar a la izquierda nos dirigíamos al paso a nivel. La calle llegaba hasta allí, el paso era sólo peatonal. En la estructura de hierro pintada de color negro y amarillo nos apoyábamos a ver el paso de los trenes. Allí pasa el ferrocarril Sarmiento, si viene desde la derecha se dirige a Once; si lo vemos venir desde la izquierda, sabemos que ha salido de Once y va hacia Moreno. Había unos minutos de espera entre el paso de uno y otro tren, en ese lapso yo recordaba que alguna vez habíamos estado parados los tres en el paso a nivel de la Parada del Tiro, mirando pasar el tren que iba hacia o venía de la ciudad.

Mientras los trenes no venían ni iban, llegó al lugar, caminando por el costado de los rieles, como dijera Héctor Tizón, un grupo de 3 ó 4 hombres con ropa de trabajo y con herramientas, mirando fijamente las vías. Eran trabajadores ferroviarios, una cuadrilla de operarios que tendrían que hacer algún arreglo. De pronto uno de ellos, el que llevaba un sombrero de paja de ala ancha, que parecía ser el capataz, se detuvo y los demás lo rodearon.

El piso del cruce peatonal era de cemento que iba desde la estructura de hierro negra y amarilla hasta unos centímetros antes de la vía. Sobre eso pisábamos los que cruzábamos por allí y nos sentíamos seguros de tener el paso firme para realizar la temeraria acción de cruzar los rieles. Sobre el cemento firme estaban parados los operarios de las vías. El capataz de sombrero sacó una tiza de su bolsillo, se agachó y marcó, prolijamente, una cruz en el piso. Aquí dale, le dijo a uno de sus hombres.

Nosotros tres ya no esperábamos los trenes, ahora nuestra atención estaba en esa cruz blanca tan bien trazada en el cemento que ayuda a cruzar los rieles. El grupo se abrió, dejó por un instante de rodear al capataz y quedó un hombre frente a la cruz de tiza con una maza en su mano. Levantó ambas manos con la pesada maza por arriba de su hombro derecho, torció su torso y descargó un envión fuerte hasta que la fuerte almádena, como se le dice en España a la maza, se estrelló sobre la cruz provocando un estrépito que despertó con un salto a los vecinos de la calle Gavilán a esa altura.

El cemento recibió ese golpe de nueve kilos de la maza más la fuerza del hombre que seguramente quería terminar cuanto antes su jornada y estalló en pedazos. Nos hizo cerrar los ojos y tirarnos para atrás porque no esperábamos que la quietud de la tarde se quebrara en tantos pedazos. Un golpe más recibió el piso y otro y otro hasta que el cemento se fue yendo dejando la tierra a la vista.

Soy el único que recuerda el mazazo. Sé de ese esfuerzo, de ese golpe, de ese ruido. Hoy no están los que lo escucharon y vieron conmigo. En cuanto pueda iré de nuevo a ese paso a nivel a sentarme un rato allí. Tal vez pasen los trenes, me fijaré bien si hay algún rastro de la cruz blanca, o de la tierra que saltó con el último pedazo del cemento vencido. Esta vez los vecinos seguirán dormidos en sus siestas. En mi caso, sé que sólo yo, en la tarde de Flores, escucharé y vibraré con el estruendo del mazazo de la ausencia.

 

Julio San Martín, 11 de enero de 2024, en CABA.