domingo, 1 de enero de 2017
Quién sabe de este amor?
El tiempo lo sabe,
Saben los cerros,
La avenida se ha enterado.
Ahora sé que un corazón juvenil siempre es igual.
Otros le llamarán espera.
Ella ha sabido aguardar. Ha confiado en su esperanzado corazón.
Y ha tenido el valor de gritar el amor.
Él ahora lo sabe, porque ha escuchado ese grito.
Y ha encendido una nueva luz a su alicaído vivir.
Cuando la pintura del artista empieza a tomar forma, la mano del
arte comienza a sentirse enamorada.
Ella es la pintura. Pinta las tipas, los helechos. Él es el lienzo.
Recibe los trazos del amor y los siente. Son nuevos, pero lo hacen
estar presente.
Ahora los dos esperan a la distancia. Qué esperan?
Que el arte del amor los envuelva. Que los lleve a un marco general.
Para que el aire también lo sepa.
Para que ese amor se respire libremente.
Estamos a un paso. Yo de sentirme amado,
y tú que te sientas la más querida.
Cuándo?,Ahora!
Ahora que lo saben los cerros, el tiempo y la avenida.
Julio San Martín
Ciudad de Buenos Aires, 19 de diciembre de 2016.
Oda a la Claridad
La tempestad dejó
sobre la hierba
hilos de pino, agujas,
y el sol en la cola del viento.
Un azul dirigido
llena el mundo.
Oh día pleno,
oh fruto
del espacio,
mi cuerpo es una copa
en que la luz y el aire
caen como cascadas.
Toco
el agua marina.
Sabor
de fuego verde,
de beso ancho y amargo
tienen las nuevas olas
de este día.
Tejen su trama de oro
las cigarras
en la altura sonora.
La boca de la vida
besa mi boca.
Vivo,
amo
y soy amado.
Recibo
en mi ser cuanto existe.
Estoy sentado
en una piedra:
en ella
tocan
las aguas y las silabas
de la selva,
la claridad sombría
del manantial que llega
a visitarme.
Toco
el tronco de cedro
cuyas arrugas me hablan
del tiempo y de la tierra.
Marcho
y voy con los ríos
cantando
con los ríos,
ancho, fresco y aéreo
en este nuevo día,
y lo recibo,
siento
cómo
entra en mi pecho, mira con mis ojos.
Yo soy
yo soy el día,
soy
la luz.
Por eso
tengo
deberes de mañana,
trabajos de mediodía.
Debo
andar
con el viento y el agua,
abrir ventanas,
echar abajo puertas,
romper muros,
iluminar rincones.
No puedo
quedarme sentado.
Hasta luego.
Mañana
nos veremos.
Hoy tengo muchas
batallas que vencer.
Hoy tengo muchas sombras
que herir y terminar.
Hoy no puedo
estar contigo, debo
cumplir mi obligación
de luz:
ir y venir por las calles,
las casas y los hombres
destruyendo
la oscuridad. Yo debo
repartirme
hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra.
Pablo Neruda
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Fernando Pessoa
APLAZAMIENTO
Pasado mañana, sí, sólo pasado mañana...
Pasaré el día de mañana pensando en pasado mañana,
Y así será posible; pero hoy no...
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
El sueño de mi vida real, intercalado,
El cansancio anticipado e infinito,
Un cansancio de mundos para tomar un tranvía...
Esta especie de alma...
Sólo pasado mañana...
Hoy quiero prepararme,
Quiero prepararme para pensar mañana en el día siguiente:
Ese es el decisivo.
Tengo ya el plano trazado; pero no, hoy no trazo planos...
Mañana es el día de los planos.
Mañana me sentaré al escritorio para conquistar el mundo
pero sólo conquistaré el mundo pasado mañana...
Tengo ganas de llorar,
Tengo muchas ganas de llorar, de repente, de dentro...
No, no quieran saber nada más, es secreto, no lo digo.
Sólo pasado mañana...
Cuando era niño el circo de domingo me divertía toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo de domingo de toda la semana de mi infancia...
Pasado mañana seré otro,
mi vida triunfará
Serán convocadas por un edicto...
Pero por un edicto de mañana...
Hoy quiero dormir, redactaré mañana...
Por hoy ¿Cuál es el espectáculo que me repetiría la infancia?
Para comprar igualmente mañana los boletos
Que pasado mañana es cuando está bien el espectáculo...
Antes, no...
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente lo que hoy no pude nunca ser.
Sólo pasado mañana...
Tengo sueño como el frío de un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.
Mañana te diré las palabras, o pasado mañana...
Sí, tal vez pasado mañana...
El porvenir...
Sí, el porvenir...
Álvaro de Campos
traducción del portugués, Mario Bojórquez
martes, 23 de agosto de 2016
La solemnidad del abrazo
Yo soy gustoso de ver a las personas en
actos solemnes. La solemnidad viene de las celebraciones religiosas, donde el
espíritu se eleva y busca que el manto divino lo cubra. Allí está el origen de
todas las solemnidades, o el formalismo que implica lo mismo y que da carácter
serio al evento en que se participe.
Si una persona recibe un premio, lo hará
en un acto solemne. El himno nacional de cualquier país es un acto formal; y
las personas se preparan para eso. Concurrir a una reunión donde se pide la
asistencia con corbata, es de lo más solemne; esto es lo que a mí me gusta. No
voy a escribir aquí si la corbata está de moda o no. Lo que me interesa es su
solemnidad.
Ahora bien, ¿puede haber protocolo o
solemnidad espontánea? Parece que no. Solemne, protocolo, etiqueta, formal,
requiere preparación. El rigorismo de lo solemne da la impresión de que siempre
se necesita una planificación para que todo salga bien.
Sin embargo, he encontrado un acto solemne
sin previo aviso. Una vez, caminando yo por la vereda de una calle, en mi lindo
pueblo, en una fría noche de invierno, la vi que salía de su casa y estaba por
cruzar la calle. Justo iba ella a cambiar de vereda respecto de la que yo iba.
Pero me vio y se quedó parada. Yo también detuve mi paso.
Casi sin darme cuenta, empecé a caminar
hacia ella y ella hacia mí. Éramos dos oscuros personajes de la noche que
parecían haberse buscado todas las noches desde hace mucho tiempo. Cuando nos
acercábamos, vi su rostro de mirada incrédula; tal vez ella vio lo mismo en mí.
El protocolo de esa noche han sido las
ansias de llegar pronto el uno al otro. La etiqueta de esa noche ha sido el
brillo de los ojos que iluminaron las veredas que dejaron de ser tristes. Las
mejillas se sintieron juntas y formalizaron el inesperado encuentro. La
solemnidad de esa noche, ha sido el abrazo de nuestras almas, después de tanto
tiempo.
Julio San Martín
CABA, 22 de agosto de 2016.
sábado, 6 de agosto de 2016
La casa de Fondizi
En mi casa de
la calle Balcarce, vista desde la esquina de la Reconquista, en la pared
exterior que daba a mi vecino Perfecto Carmena, había una gran inscripción que
decía UCRI, en letras bien grandes y rojas. Cada vez que jugaba a la pelota en
la canchita de la esquina, lo hacía mirando ese cartel de mi casa.
Hace unos
días, caminado por la calle Antonio Beruti en esta ciudad, encontré la casa
donde vivió Arturo Frondizi, quien fuera presidente constitucional de la Nación
desde 1958 hasta 1962. Este hombre, entre muchos otros méritos que en su
carrera obtuvo, ha sido el creador de la fuerza política que había pintado
aquella leyenda en la pared de mi casa.
Ahora, estando
yo parado frente a la casa donde él vivió, recordé las letras grandes y rojas
que se referían a la Unión Cívica Radical Intransigente. Miré esta casa
espléndida del barrio de la Recoleta y supe que el Gobierno de la Ciudad le
hizo un homenaje en 2005.
Sin saberlo,
he conocido esta casa Solar mucho antes. Tal vez, después de cada partido con
los amigos de la cuadra, mirando las letras de la UCRI, ya estaba yo en la
vereda de la calle Beruti mirando la casa del dueño de la sigla, el hombre de
Paso de los Libres.
Julio San
Martín
Bs. As. 06 de
agosto de 2016
domingo, 17 de julio de 2016
La noche de la derrota
A las 18 horas dejaste la oficina
en Pompeya, el frío de la tarde te hizo pensar en abrigarte más, recordaste el
calzoncillo largo de la vidriera de La Real en la avenida Saenz. Fuiste ahí nomás, te
compraste uno y lo llevaste puesto; de ahí a buscar el auto y viajar hasta la
Boca. Llegaste al garaje de Balcarce y Cochabamba. Ahí quedó tu auto y te
fuiste a cenar, todo ese proceso lo hiciste con el fin último: ver a Boca en la
semifinal de vuelta contra Independiente del Valle de Ecuador, por la Copa
Libertadores, de la cual hoy tenemos seis ganadas.
El Café Bar Defensa ya te había
recibido una vez, en aquel partido contra Cerro Porteño. Esta vez, pediste un
bife con ensalada. Riquísima estuvo la comida y partiste, junto cuando empezaba
a llover, camino a la cancha. Caminaste ligero, por la lluvia y por la ansiedad
de entrar. Primera sorpresa: no había cola en la calle Brandsen y caminaste
hacia el primer control, pasaste tranquilo también el cacheo policial y el
primer molinete. Todo bien, todo verde y adentro fuiste por la puerta 8, la de
la Baja Sur.
Falta una hora para que empiece el partido y el frío se hace notar. Hay mucha gente, como siempre en estos partidos y vas buscando un lugarcito para ver; te cuesta, pero lo encontrás. Llega la hora, salen ellos a la cancha y largas tu grito de guerra: puuuutooos!!! Sale Boca y explotan los fuegos artificiales y los corazones boquenses se aceleran. Si hubiera un aparato que midiera los latidos de los corazones de nosotros los hinchas, seguro que necesitaría más capacidad para informar.
Empieza el partido, Boca avanza hacia mi arco y a los tres minutos se pone en ventaja; gol de Boca, sale el grito esperado, salta la felicidad de hombro en hombro xeneize, explota la máquina de medir los latidos y se siente que la esperanza está en nosotros. Seguimos avanzando y por poco no llegan más goles; se ha ido el frío llevándose la lluvia quien sabe adónde. Ellos empiezan a atacar y se ponen cerca del área nuestra; de pronto empatan, no!. Ha vuelto la lluvia y el frío se ha instalado otra vez en mi espalda. Termina el primer tiempo.
En el pasillo que separa la pared de la gente de la tribuna se forman grupos de hinchas que debaten si hace falta algún cambio para el segundo tiempo, otros que fuman porros, las parejas que se abrazan y besan como si estuvieran el Parque Lezama. Uno de esos grupos empieza a cantar la cumbia bostera y arenga a los demás a cantar. Yo me prendo en el canto y trato de hacer algún paso de baile como hacen ellos; y muevo los brazos y canto y acompaño; uno de esos tipos del grupo sale de ese lugar y camina hacia mí. Me da la mano y me dice: vamos Bocaaaa!!; Vamos!!, le digo y me siento uno de ellos.
Empieza el segundo tiempo, no hay
cambios en Boca; presiento o deseo, mejor dicho, que el equipo salga a morder y
meter goles, porque estamos afuera. Y Boca lo hace, se va al taque y empuja;
hay córner para nosotros, cantamos todos, la Bombonera late, viene el centro,
lo ganan ellos, contragolpe y nos meten el segundo. Seguimos cantando a pesar
de ese gol; dos minutos más y nos meten el tercero. Como dijo Neruda en su "Salitrera Santa Elena", siento que la tierra se abre delante de mis pies.
Y ahora?, percibo la bronca y la
desazón en el pueblo de Boca; siento impotencia, que no podremos, veo venir el
dolor de la derrota; el equipo no muestra lo mismo que nosotros. Decido irme,
como aquella vez cuando no me gustó “El lado oscuro del corazón” y me fui del
cine, mientras Oliverio buscaba la mujer que pudiera “volar”.
Salgo a la oscura calle Brandsen,
es fría la noche y llueve, todo feo para el que va a la cancha; peor aún para
el que va a ver perder a su querido equipo. Camino solo por esa calle hacia la
avenida Almirante Brown, ya están los vendedores de chori, pati y bondiola;
todavía no gritan para vender; la verdad, no sé si después lo harán. Un hombre
camina apurado atrás mío, me alcanza y me pregunta dónde está la parada del
152; voy para allí, le digo y caminamos juntos. “Vine desde Saavedra para ver
esto!, me dice. Está enojado y dolido, como yo.
Tomamos el colectivo juntos y el
hombre con su gorro mojado mira alrededor como tratando de encontrar una
explicación; bajo en Juan de Garay y camino al garaje; llueve y llueve; los
empleados están cenando y viendo el partido. “Abandonó, maestro?”, me dicen.
Allí me entero del penal errado y eso hace crecer mi caída. Viajo de vuelta en
mi auto; escucho el segundo gol de Boca y termina el partido. El relator dice lo
que yo vi venir cuando volvió el frío y la lluvia adentro de la cancha: Boca
eliminado de la Libertadores.
Julio San Martín, Buenos
Aires, 17 de julio de 2016.
sábado, 25 de junio de 2016
Los esmeros
Los esmeros
Impecable vestimenta tiene el mozo de San
Javier. El muestra una concentración en su trabajo que le permite estar atento
a cualquier solicitud de cualquier persona. El observa, escucha y palpita lo
que pasa en el salón.
Es el esmero que busca lo que lo pone a actuar así.
El que está siendo atendido por él siente más de una satisfacción; encuentra
cada cosa en su lugar y si necesita algo más; el esmero del mozo estará para
servirlo.
El esmero y el servilismo son bien diferentes.
El esmero hace que una persona sea mejor persona a cada instante porque sale de
uno; en cambio el servilismo es lo que una persona ejecuta y demanda del otro con
acciones de vasallaje.
Si mi tierra es mejor cada día es porque se la
trata con esmero. Así es el cerro de Tucumán, donde la naturaleza ha actuado
con esmero, ha puesto en sus helechos de todos los tamaños lo mejor de sí; lo
hace mejor cerro cada día, lo hace mejor Tucumán cada día.
Los amigos y mis parientes de Tucumán me tratan
con esmero; siento que esa “serena amistad”, como dijera Borges en “El
amenazado”, es el fresco verdor de los cerros que siempre están, haya ido uno
de visita en 1981 o en 2016.
Julio San Martín
Bs. As. 25 de junio de 2016.
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