sábado, 18 de noviembre de 2023
Como se baila la zamba
lunes, 19 de junio de 2023
Los regalos
Los regalos
El regalo es el medio más directo
para demostrar afecto a otra persona; creo firmemente en eso; traigo ese sentir
desde mi origen porque he recibido regalos que todavía me acompañan. De aquella
época, por cuestiones propias del tiempo, no tengo los aspectos materiales de
los regalos, pero si los espíritus de ellos todavía viven en mí.
Mis padres me han regalado la
vida; mis hermanos el amor y mis abuelos, mis tías, tíos y primos, cada uno de
ellos, me han dado muchas cosas que, aún sin saberlo, me hacen celebrar la vida
cada día. Quiero hacer un homenaje,
desde estas líneas a dos regalos que recibí de mi familia.
Mi querida y nunca olvidada tía
Luisa, era la primera en llegar a mis cumpleaños; siempre me traía medias o
calzoncillos, y depositaba en ellos un afecto tan grande que esas cosas han
sido inolvidables. Pero una vez, cambió el regalo y me trajo una taza y un
plato celestes. Era tan linda esa taza que si la tuviera hoy sería muy feliz;
tenía dibujos en tonos pasteles y yo los miraba y los hacía jugar entre ellos;
así, los dibujos del plato jugaban con los de la taza y yo disfrutaba con cada
mate cocido que tomaba.
No sé dónde lo había comprado
ella, por esas cosas del protocolo, eso no se dice; imagino yo que vendrían del
Bazar del Hogar o de la Cooperativa; hoy creo verlos en la vidriera de esos
lugares tan caros a mis afectos. Hoy
todas mis tazas y platos que uso para el mate cocido son celestes con tonos
pasteles, aunque la realidad me los muestre con otros colores. Y son eso sí, del Bazar del Hogar en la
Avenida, o de la Cooperativa.
El otro regalo que hoy tengo en
mi alma es el que me trajo mi tío Ramón, cuando yo ya iba dejando la tierna
niñez para ingresar en la querida adolescencia. Mi tío Ramón vino al mediodía
de aquel caluroso veinticinco de febrero, con su sombrero y sus botines
caminantes del suelo taficeño. Me dijo, “para vos Jota”, y me entregó un pequeño
paquete, lo abrí con el entusiasmo con el que se espera el regalo y era una
máquina de afeitar.
Qué lindo regalo me hizo Ramón;
ese presente me invitó a crecer, a mirar adelante, mirarme en el espejo y a
pasar mi máquina de afeitar por mi cara. Hoy en día utilizo una máquina
parecida, con un solo filo; no quiero aquellas peligrosas de varios filos; sigo
con la primera que recibí; siento en cada mañana que sobre mi cara se desliza
el regalo de mi tío Ramón; y así él está conmigo.
Julio San Martín, 19 de junio de 2023, en Ciudad Autónoma de Buenos
Aires.
martes, 21 de febrero de 2023
Oda al Usamico
Oda al Usamico
Los que somos del Jardín,
Compartimos este
juguete sin fin.
Juego verde
de hojas y racimos
Entre tallos
y uvas, Usamico, somos amigos.
Cuando uno se
sienta en el patio
Mirando los yuyos
crecidos,
Por alguna
ramita de la parra
Llegan largas
las patas del amigo.
Si uno le
pone el dedo
Como
prolongando la hoja verde,
Se viene
caminando por la manga
Y adentro de
la camisa se pierde.
Ahí empieza
a buscar el corazón
Hasta que se
para sobre él.
Una cosquillita
raspa la piel
Bajo ese
amiguito dulce de miel.
Mi corazón
con su suave peso
Mira, late,
orgulloso e inquieto.
Usamico,
color del mate cocido
Soy uno de
los que más te han querido.
Julio San Martín
Tafí Viejo, 24 de octubre de 1996.
domingo, 19 de febrero de 2023
Tafi Bar
Mi blog se llama "La Avenida". Esta foto que tomé prestada de un gran fotógrafo taficeño que se llama Gustavo Lobo, que quiere mucho a su lugar y toma estas fotografías para mostrarlas con orgullo entre sus amigos, o a quienes, como yo, estamos lejos de nuestro pago, muestra uno de los puntos más lindos y recordados de la avenida de Tafí.
Aquí la estoy mirando como si viniera de la calle Sargento Cabral.
jueves, 25 de agosto de 2022
Ahí pensaste
Ahí pensaste que una parte tuya
se quedaba en Tucumán…
Ahí pensaste
Que una parte tuya
Se quedaba en Tucumán.
Cuando,
En los primeros días de 1979,
Entraste en la estación
Del Mitre con ella
Y con tu padre.
Caminaron los tres
Ansiosos por el andén
Buscando el coche
De primera,
Ése es, dijo él.
Subiste con el
Boleto en la mano,
Ese boleto que
Te había traído
Ayer él, tu padre,
Cuando le habías dicho,
Un día antes,
que querías irte.
Ahora caminan
Entre la gente
Y los asientos
De color verde,
Y ése es el tuyo,
Para la ventanilla,
En el sentido
Contrario a la marcha
Del tren.
No importa, dice él,
En Rosario cambia
El sentido
Y vas a llegar
A Retiro de frente.
Ya lo sabías,
Pero lo dijo él
Otra vez y le diste
Una interpretación
nueva: vas a llegar
al futuro de frente,
tendrás todo el
panorama nuevo
para ver.
Mientras vas
Acomodando tus cosas
La miras de reojo,
Ella está parada
En el andén mirándote;
El sol de enero
Le da una luz brillante,
Sus anteojos
En la frente y los ojos
Semicerrados tienen
Ese color verde suave
Que te recuerda
A los helechos frescos
Del Nogalar.
Tiene la boca
Entreabierta como
Una sonrisa tenue,
Que se dibuja en
Su bello rostro
De cutis blanco
Que tanto acariciaste.
Y ahora te mira
En la despedida.
Encuentras a tus
Compañeros de asiento,
Son tres muchachos
Que también
Se van de Tucumán
A buscar trabajo.
Son tres compañeros
Nuevos, ajenos a tus
Amigos que siempre
Te rodearon, hablarás
Con ellos, te hará reír
El ansia que envuelve
El trayecto;
Pero no pensarás
Con ellos, como
Con tus amigos.
Porque ese es
El contacto que
Tuviste con los tuyos,
De pensamiento afín,
De una línea aprendida
Desde niños,
Que sabes que perdurará.
Te sientes como cuando
Empezaste el secundario,
Cuando tus amigos
De la primaria se
Fueron a otro curso
Y a vos te mandaron
Con todos los
Desconocidos.
Tus amigos estaban
También en el colegio,
Pero algunas puertas
Te separaban de ellos,
Ahora la miras desde
La escalera y te
Extiende la mano,
Se entrecruzan las manos,
Ahora de amigos,
Porque ya no es
tu novia.
Pero para vos es ella,
Sea novia, amiga,
Es la mujer que
Desde hacía años
Te hacía latir
Más fuerte el corazón.
Esa era tu sensación
Cuando la tenías cerca,
Con el físico o
Con el pensamiento.
Ya era tu poesía.
Vos sentías que
Era un poema
De amor sin
Comienzo ni fin,
Escrito por tu alma.
No te importaba
Si ella sentía
Algo distinto,
Si su corazón
Seguía la línea
De otro amante,
Si sus ojos
Buscaban otra mirada.
No, para vos
Era tu amor.
Ya faltaba poco
Para salir y
Los tres estaban
En el andén.
El Estrella del Norte
Se iba a ir
De Tucumán
Llevándote a otra tierra.
Y ustedes tres
En el andén
eran amores.
El amor de
Un padre a su hijo,
La correspondencia
Del amor del hijo;
Y el amor hacia ella,
Tal vez sin
Correspondencia;
Pero no te importaba
Porque el futuro
Era tan amplio,
Que las ramas
De las posibilidades
Eran tantas
Como las de los tarcos
De la avenida de Tafí.
Los guardas
Subieron al tren,
Se anunció la salida
Y lo abrazaste
A tu padre tan fuerte
Como para quedarte con él.
Y la abrazaste
Tan fuerte a ella
Como para sentirla
Así para siempre.
Subiste al tren
Y empezó su marcha.
Quisiste ver una
Lágrima en su rostro,
Pero ya tenía los
Anteojos puestos
Y eran oscuros,
Su boca se había
Cerrado y
Tenía ahora
Un gesto duro
En sus labios,
Igual que el tuyo.
Pero vos tenías
Una lágrima, ahí pensaste
Que una parte tuya
Se quedaba en Tucumán…
El caminito
A eso de las 9 de la mañana, ella
se iba para el mercado y él se quedaba tomando el mate cocido en la mesa de la
cocina. Se escuchaba la escoba de Doña Marta al barrer el patio de su casa.
También el canto de los pájaros en la planta de nísperos o de limón del fondo
de la casa; atrás las gallinas cacareaban y él las miraba por la ventana.
Hacía un ejercicio de vista, una
especie de prolongación de la mirada desde el ras del gallinero y subía
lentamente mirando cómo el cerro azul, a la distancia, empezaba a tomar altura
y se elevaba imponente hasta alcanzar las nubes blancas en el cielo, como había
dicho Yeats.
-
Espérame en el caminito a eso de las 10 y media,
le dijo la mamá.
-
Bueno, dijo el niño.
Ya sobre la hora pactada, el
chico salía de su casa por el portón del pasillo; saludaba a Don Carmelo que
estaba apoyado en la verja. Caminaba por la vereda de Don Rearte, Yunín, Mario
López, la Lola y la Dora, veía el veredón de Carlitos y cruzaba en diagonal
hasta la vereda de Don Ruperto.
Seguía por ahí hasta la Rivadavia
y cruzaba la calle, antes de llegar a la esquina de la Chacabuco, estaba el
caminito, éste era un pequeño sendero entre la tela de la casa vecina y los
yuyos altos; era de tierra seca polvorienta con límites de pasto a los
costados. La habilidad de caminar por ese caminito sin ensuciarse mucho las
zapatillas era ir pisando el pasto de los costados, se daban pasos abiertos y
largos; el chico tenía esa agilidad para ganar metros casi a los saltos.
Al final del caminito, ya en la
calle Centenario, la mamá venía con una bolsa en cada mano; ella lo veía y se
quedaba parada esperándolo. El chico llegaba con sus pasos gigantes y le
agarraba una bolsa; esa no, decía ella, tomá esta que no es pesada. Vamos por
la calle, decía ella y caminaban por la Centenario hasta la Balcarce y desde
allí hasta la casa.
Dejaban todo en la mesa de la
cocina y la mamá decía: vaya mijo y compre fideos en Doña Audelina; ¿de
cuáles?, preguntaba él. Entrefinos, decía ella.
Al mediodía, el chico ya había
preparado el portafolio para ir a la escuela, la mesa estaba servida, ya estaba
Ramón sentado esperando y la mamá servía la comida: era un guiso de fideos
entrefinos con ensalada de lechuga y tomate. Comían los tres, hablaban,
contaban cosas y se reían.
Hace pocos días, mi mamá me
invitó a cenar a su casa y el menú era el mismo guiso de mi niñez, con la misma
ensalada, con el mismo color de la vida de aquel entonces, con el mismo sabor
del universo maravilloso del reencuentro de la nostalgia y la realidad, con el
mismo bienestar de la compañía, con algunas pequeñas diferencias de la vida que
limita a los hombres y que hacen que el número de comensales no sea el mismo,
con igual encanto de emoción y respeto.
Ahora soy el hombre sin mate
cocido, sin gallinero, sin cerros azules, sin caminito y sin bolsas del
mercado, pero con el mismo guiso de fideos entrefinos que hacen las manos de la
mamá, como ningunas otras lo harían. Eso es la unicidad de la vida, el
determinismo del hoy; el amor por lo que uno tuvo y que, sobre todas las cosas,
siempre tendrá.
domingo, 24 de julio de 2022
Jorge Luis Borges: La rosa
La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.
En Fervor de Buenos Aires (1923)
Foto: Jorge Luis Borges por Pepe Fernández
Publicada en el suplemento Borges por Borges
Diario La Nación, Buenos Aires, 11 de agosto de 1999




