jueves, 15 de marzo de 2012

Feliz cumple, Mafalda

En la década del setenta conocí a Mafalda, en la revista Siete Días Ilustrados. Hoy se cumple un nuevo aniversario desde que Quino hiciera su creación allá por 1966. Su humor nuevo para la época la puso siempre al frente de la realidad; interpretó y dijo, como mucha gente quería hacerlo, lo que vivía el país.

Salud, Mafalda.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Pablo Ledesma - Pablo Mouche - Para el cielo de Sarandí


Los goles de los "Pablos", Mouche y Ledesma hicieron que Boca, el último campeón, el más grande de  la Argentina, vuelva a ganar. Había tenido una semana muy dura porque las derrotas ante Fluminense en la Copa Santander Libertadores y ante Independiente en el torneo local, lo habían puesto en una situación que hace mucho no se veía por la Boca.

Otra vez llegó la victoria; esta vez dos a uno frente a Arsenal en Sarandí. Este equipo es uno de los "cucos" del técnico de Boca. Pero ahora se dio el triunfo a favor nuestro y volvemos a estar en carrera; porque el fútbol sin Boca no tiene el mismo sabor. Y Boca sin triunfos no es Boca.

Estos tres puntos ganados hoy están dedicados para todos aquellos que esperan la derrota de Boca y que se alegraron por las pérdidas del Xeneixe. Para ellos, cardo y ortiga cultivo.

lunes, 12 de marzo de 2012

El Profesor Oreste y Víctor Hugo Pérez

El aula era angosta, había dos filas de bancas a cada costado. Era la hora de Educación Democrática, estábamos todos sentados mirando el pizarrón. En el horario exacto entraba a dar su clase el Profesor Oreste. Vestía impecable traje azul con camisa celeste y corbata azul y vivos de colores al tono. Hacía su ingreso saludando amablemente a lo que todos respondíamos respetuosamente. Llevaba en su mano derecha la libreta de forro verde y en la izquierda una carpeta y un libro.

No volaba una mosca, todos lo mirábamos; él dejaba la carpeta y el libro en el pequeño escritorio y nos miraba. ¿Han estudiado para hoy?, nos preguntaba. Nadie respondía; parece que sí, decía, mientras abría la libreta y leía. El silencio era como el de las alturas de la puna jujeña; nuestros pensamientos era como el zumbido del viento de aquel lugar. Cada uno elevaba, en ese silencio, su propia plegaria a cada uno de los dioses de cualquier religión o mitología rogando no ser llamado.

Luego de unos eternos segundos de intercambio de nada de palabras o ruidos, el Profesor Oreste preguntaba: ¿ Alguien quiere pasar?; sin responder, todos mirábamos a Mario Cesca, nuestro hombre de ciencias en el curso, el hombre del conocimiento y de la aplicación salvadora del que todos esperábamos su respuesta afirmativa para vivir un rato más. Mario pedía pasar; y el alivio bajaba desde el cerro como si hubiéramos recibido el mejor resultado del más temeroso análisis del mundo. Pero el Profesor Oreste le decía que no, que él ya tenía nota.

La semana anterior habíamos tenido prueba de Educación Democrática y el Profesor Oreste aún no había dado las notas. Todos la esperábamos ese día, pero el profesor no la daba. Él seguía mirando la libreta, después de que le había negado pasar a Cesca; las moscas seguían sin volar, el silencio era frío. Hasta que el profesor se sacó los anteojos y preguntó: ¿alguien quiere pasar? Nadie respondió.
El profesor volvió a mirar la libreta para decidir quién pasaría y el amigo y gran compañero, sentado atrás a la izquierda, Víctor Hugo Pérez, quebró el silencio y la espera. Profesor, dijo,¿ le puedo hacer una pregunta? El Profesor Oreste, sin sacarse los anteojos, le dijo, si, por supuesto. Pérez dijo: ¿cuándo nos va a dar las notas?

El profesor respondió al instante, todavía no están. Pérez, no conforme con eso y acentuando aún más su ansiedad, la cual ya se había trasladado a todos nosotros como el agua de lluvia que se desliza por entre las ramas de una parra, le preguntó: ¿ y para cuándo van a estar? El Profesor Oreste se sacó los anteojos, observó a todo el curso, miró a Pérez y le preguntó: ¿ y usted por qué tiene tanto interés en las notas?
Pa’ que se vamo sobando, dijo el compañero y amigo Pérez.

La lluvia de hoy



Hoy temprano fui a un lugar donde tenía que estar a las nueve de la mañana. De pronto el cielo se escondió detrás de negras nubes de lluvia, la calle y la vereda recibieron una temprana noche; el cielo se descargó y mandó una lluvia torrencial.

Sin embargo, cuando llueve mucho y tengo que ir a algún lado es cuando voy con más ganas. Todo viene desde mi niñez.

Resulta que mi papá me llevaba al dentista; como teníamos obra social de ferroviarios él pedía turno y le daban para dos o tres meses después; como yo tenía miedo al dentista me costaba ir.

Una vez, llegó la fecha y le dije a él que no quería ir. No importa, me dijo; voy a pedir otro turno. Pasó el tiempo y el día llegó. Fui y la dentista me dijo: Julio San Martín, vos tenías turno hace dos meses y no has venido, ¿por qué?

 Porque llovía, le dije. Entonces, ella me dijo, ¿y vos pensás que porque llueve no se puede ir a ningún lado?

Desde entonces, cuando tengo que ir a algún lado y llueve, aunque sea “un día con más lluvia que otros días”, como dijera Neruda, voy con más ganas.

sábado, 10 de marzo de 2012

Paola Arias - La belleza del folklore

"Veni, bailemos, mi amor
en Corralitos
y antes que aparezca el sol
vamos a quedar solitos
haciendo un nido de amor
con mi poncho y tu ponchito"

Este año voy a aprender a bailar zambas y chacareras. Mi sueño será bailar algunas de ellas con Paola.

Viva el folklore!!!!

lunes, 5 de marzo de 2012

Pequeña historia de grandes soledades


Esta es una pequeña historia de grandes soledades. Tiene que ver con el futbol y ahí está la primera paradoja. ¿Tiene el fútbol alguna relación con la soledad?; yo pienso que sí; al responder afirmativamente no pienso en el delantero único que alinea un equipo sin enganche, o en el líbero al que le tocan los delanteros rivales cuando los dos stoppers se fueron a buscar el resultado.
Pienso en la soledad del individuo que no tiene a quien contarle un partido o cuando se lo cuenta a alguien y a éste no le interesa el relato. Esa soledad si es propia del futbol, es decir, la soledad del que gusta del juego, pero que no tiene interlocutor. Para eso está la escritura, el relato, la especie de cuento que ayuda al hombre a compartir sus vivencias; el futbol es una vivencia, es un valor que uno adquiere en cada partido que ve. Por eso lo quiere contar; porque ¿qué sería de la vida si un hombre no contara sus vivencias? Transmitir lo que uno siente y ser escuchado es un momento de felicidad; hasta eso da el futbol; la alegría de un pase, el júbilo de una buena jugada y la algarabía de un gol. También el resultado es la felicidad. Este deporte tan lindo que te lleva del éxtasis a la agonía en cuestión de minutos, tiene también soledad. Por eso me propongo relatar esta vivencia.
El domingo pasado, cerca del mediodía empecé a ver el partido que jugaron en Sunchales, Santa Fe, Unión contra Patronato de Paraná, Entre Ríos. El partido se jugó por el Torneo Argentino A, la tercera división del futbol argentino. El horario del partido marca lo duro que es este campeonato; se jugaba al futbol al mediodía del domingo en una ciudad campestre de Santa Fe, hoy por hoy ubicada en la región de sequía y calor absoluto del mapa climático del país.
Vi desde que los jugadores salían a la cancha para disputar el segundo tiempo del partido que iba, hasta entonces, cero a cero. Los locales, de camiseta verde y blanca a bastones, esperaban en el círculo central, ansiosos, el comienzo. Vi al 10, Cristian Zárate, uno de los hombres del victorioso San Martín de Tucumán cuando luchaba por el ascenso a los planos más altos del futbol nacional. Sentí la primera soledad en la mente de Zárate. Pocos hinchas lo estaban viendo si comparamos con aquellas jornadas calientes de La Ciudadela. Pensé en que esa cancha había sido pisada por Aldo Visconti, el hoy goleador santo. Pensé también en Aldo, que tal vez estaba siguiendo este partido desde Tucumán, solo, recordando sus goles en el césped de Sunchales.
Salió a la cancha el equipo entrerriano, con camiseta negra y roja a bastones, una especie del Milan del litoral.  Recordé de inmediato que allí juega ahora el gran Patrón Juan Monge, el noble defensor de San Martín que jugó todos los campeonatos que ganó el santo en su ascenso; fue el que hizo el primer gol de San Martín en primera; y jugó aquel inolvidable partido contra Racing en Avellaneda donde ganamos dos a uno. Pero el Patrón no estaba en este equipo. Quizás lo estaría viendo desde algún lugar, sintiéndose solo por no estar al lado de sus compañeros. El director técnico de este equipo es el Tigre Amaya, el temible (para los rivales) nueve de San Martín que supo levantar las redes de cuanto arco se le haya cruzado en su camino de gol.
El calor era abrasador, la pelota iba de un arco a otro, el cero no se rompía. El esfuerzo era cada vez mayor; el arquero de Patronato salió porque estaba mareado. Hasta que llegó el minuto treinta siete; Carucha Muller la llevó hacia el área sunchalense y se la dio al once, Jara; éste entró al área por el carril del ocho, la frenó, enganchó hacia adentro y le dio un zurdazo que sacudió el techo de piolines, gol. Todos los jugadores se abrazaron junto con los suplentes. El Tigre Amaya apretó sus puños mirando al horizonte, como buscando algún abrazo para él; pero, solo, vivió el corto momento de alegría para empezar a ordenar a sus dirigidos.
De inmediato, el ocho de Unión se fue en diagonal hacia afuera encabezando un avance, el tres de los rojinegros lo cruzó con un zurdazo a la altura de la rodilla; una sola tarjeta, la más dura, y el tres afuera. Preocupación en la cara del Tigre. Una jugada más de la furia de Sunchales y queda un tiro libre desde la izquierda de su ataque cerca del corner; lo tira Zárate a media altura con comba hacia adentro, se queda parada la defensa de Patronato y el seis la empuja; uno a uno a los cuarenta y dos minutos. Se enfurecen las camisetas verdes y blancas, otro avance que quiere ser profundo, el dos, que reemplaza al Patrón, lo levanta al que trae la pelota y queda un tiro libre como para Gallardo. Va el cinco de Unión; un uruguayo de dos apellidos le pega como el once de River y la manda bien adentro, golazo. Victoria de los santafecinos.
Los jugadores se abrazan y saltan en el festejo, los otros se juntan y se lamentan, solos, mirando la tristeza de los hinchas que vieron que se les ha ido el partido. El Tigre palmea a sus pollos y vuelve a mirar al horizonte. Ahí leo su mirada de soledad: tal vez La Ciudadela nos hubiera ayudado.


sábado, 3 de marzo de 2012

El primer día de marzo 2012

  1. Que groso sos Julio
    Que comienzo de mes, no?. No hay subtes, no hay trenes, no hay clases, no hay remedios, no hay insumos, no hay informes de auditoria, no hay responsables de nada, la gente muere viajando o caminando por la calle y no hay justicia, no hay más alumnos libres por faltas, se nivela para abajo, no hay respeto a la autoridad, no hay educación, no hay seguridad, no hay vigilancia, no hay ingreso de productos de importación, hay trabas a las exportaciones, no hay, no hay, no hay.... Lo único bueno de hoy es que llueve y que empieza Marzo cuyo nombre deriva de Mars, el nombre en latín de Marte, dios romano de la guerra. Vamos a guerrear entonces. Feliz Mars, friends.
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  2. Que comienzo de mes, no?. No hay subtes, no hay trenes, no hay clases, no hay remedios, no hay insumos, no hay informes de auditoria, no hay responsables de nada, la gente muere viajando o caminando por la calle y no hay justicia, no hay más alumnos libres por faltas, se nivela para abajo, no hay respeto a la autoridad, no hay educación, no hay seguridad, no hay vigilancia, no hay ingreso de productos de importación, hay trabas a las exportaciones, no hay, no hay, no hay.... Lo único bueno de hoy es que llueve y que empieza Marzo cuyo nombre deriva de Mars, el nombre en latín de Marte, dios romano de la guerra. Vamos a guerrear entonces. Feliz Mars, friends.
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