miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fernando Pessoa

APLAZAMIENTO

Pasado mañana, sí, sólo pasado mañana...
Pasaré el día de mañana pensando en pasado mañana,
Y así será posible; pero hoy no...
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
El sueño de mi vida real, intercalado,
El cansancio anticipado e infinito,
Un cansancio de mundos para tomar un tranvía...
Esta especie de alma...
Sólo pasado mañana...
Hoy quiero prepararme,
Quiero prepararme para pensar mañana en el día siguiente:
Ese es el decisivo.
Tengo ya el plano trazado; pero no, hoy no trazo planos...
Mañana es el día de los planos.
Mañana me sentaré al escritorio para conquistar el mundo
pero sólo conquistaré el mundo pasado mañana...
Tengo ganas de llorar,
Tengo muchas ganas de llorar, de repente, de dentro...

No, no quieran saber nada más, es secreto, no lo digo.
Sólo pasado mañana...
Cuando era niño el circo de domingo me divertía toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo de domingo de toda la semana de mi infancia...
Pasado mañana seré otro,
mi vida triunfará
todas mis cualidades reales de inteligente, leído y práctico
Serán convocadas por un edicto...
Pero por un edicto de mañana...
Hoy quiero dormir, redactaré mañana...
Por hoy ¿Cuál es el espectáculo que me repetiría la infancia?
Para comprar igualmente mañana los boletos
Que pasado mañana es cuando está bien el espectáculo...
Antes, no...
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente lo que hoy no pude nunca ser.
Sólo pasado mañana...
Tengo sueño como el frío de un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.

Mañana te diré las palabras, o pasado mañana...
Sí, tal vez pasado mañana...

El porvenir...
Sí, el porvenir...

Álvaro de Campos
traducción del portugués, Mario Bojórquez

martes, 23 de agosto de 2016

La solemnidad del abrazo


Yo soy gustoso de ver a las personas en actos solemnes. La solemnidad viene de las celebraciones religiosas, donde el espíritu se eleva y busca que el manto divino lo cubra. Allí está el origen de todas las solemnidades, o el formalismo que implica lo mismo y que da carácter serio al evento en que se participe.

Si una persona recibe un premio, lo hará en un acto solemne. El himno nacional de cualquier país es un acto formal; y las personas se preparan para eso. Concurrir a una reunión donde se pide la asistencia con corbata, es de lo más solemne; esto es lo que a mí me gusta. No voy a escribir aquí si la corbata está de moda o no. Lo que me interesa es su solemnidad.

Ahora bien, ¿puede haber protocolo o solemnidad espontánea? Parece que no. Solemne, protocolo, etiqueta, formal, requiere preparación. El rigorismo de lo solemne da la impresión de que siempre se necesita una planificación para que todo salga bien.

Sin embargo, he encontrado un acto solemne sin previo aviso. Una vez, caminando yo por la vereda de una calle, en mi lindo pueblo, en una fría noche de invierno, la vi que salía de su casa y estaba por cruzar la calle. Justo iba ella a cambiar de vereda respecto de la que yo iba. Pero me vio y se quedó parada. Yo también detuve mi paso.

Casi sin darme cuenta, empecé a caminar hacia ella y ella hacia mí. Éramos dos oscuros personajes de la noche que parecían haberse buscado todas las noches desde hace mucho tiempo. Cuando nos acercábamos, vi su rostro de mirada incrédula; tal vez ella vio lo mismo en mí.

El protocolo de esa noche han sido las ansias de llegar pronto el uno al otro. La etiqueta de esa noche ha sido el brillo de los ojos que iluminaron las veredas que dejaron de ser tristes. Las mejillas se sintieron juntas y formalizaron el inesperado encuentro. La solemnidad de esa noche, ha sido el abrazo de nuestras almas, después de tanto tiempo.

Julio San Martín
CABA, 22 de agosto de 2016.


sábado, 6 de agosto de 2016

La casa de Fondizi


En mi casa de la calle Balcarce, vista desde la esquina de la Reconquista, en la pared exterior que daba a mi vecino Perfecto Carmena, había una gran inscripción que decía UCRI, en letras bien grandes y rojas. Cada vez que jugaba a la pelota en la canchita de la esquina, lo hacía mirando ese cartel de mi casa.
Hace unos días, caminado por la calle Antonio Beruti en esta ciudad, encontré la casa donde vivió Arturo Frondizi, quien fuera presidente constitucional de la Nación desde 1958 hasta 1962. Este hombre, entre muchos otros méritos que en su carrera obtuvo, ha sido el creador de la fuerza política que había pintado aquella leyenda en la pared de mi casa.
Ahora, estando yo parado frente a la casa donde él vivió, recordé las letras grandes y rojas que se referían a la Unión Cívica Radical Intransigente. Miré esta casa espléndida del barrio de la Recoleta y supe que el Gobierno de la Ciudad le hizo un homenaje en 2005.
Sin saberlo, he conocido esta casa Solar mucho antes. Tal vez, después de cada partido con los amigos de la cuadra, mirando las letras de la UCRI, ya estaba yo en la vereda de la calle Beruti mirando la casa del dueño de la sigla, el hombre de Paso de los Libres.


Julio San Martín
Bs. As. 06 de agosto de 2016


domingo, 17 de julio de 2016

La noche de la derrota



A las 18 horas dejaste la oficina en Pompeya, el frío de la tarde te hizo pensar en abrigarte más, recordaste el calzoncillo largo de la vidriera de La Real en la avenida Saenz. Fuiste ahí nomás, te compraste uno y lo llevaste puesto; de ahí a buscar el auto y viajar hasta la Boca. Llegaste al garaje de Balcarce y Cochabamba. Ahí quedó tu auto y te fuiste a cenar, todo ese proceso lo hiciste con el fin último: ver a Boca en la semifinal de vuelta contra Independiente del Valle de Ecuador, por la Copa Libertadores, de la cual hoy tenemos seis ganadas.

El Café Bar Defensa ya te había recibido una vez, en aquel partido contra Cerro Porteño. Esta vez, pediste un bife con ensalada. Riquísima estuvo la comida y partiste, junto cuando empezaba a llover, camino a la cancha. Caminaste ligero, por la lluvia y por la ansiedad de entrar. Primera sorpresa: no había cola en la calle Brandsen y caminaste hacia el primer control, pasaste tranquilo también el cacheo policial y el primer molinete. Todo bien, todo verde y adentro fuiste por la puerta 8, la de la Baja Sur.

Falta una hora para que empiece el partido y el frío se hace notar. Hay mucha gente, como siempre en estos partidos y vas buscando un lugarcito para ver; te cuesta, pero lo encontrás. Llega la hora, salen ellos a la cancha y largas tu grito de guerra: puuuutooos!!!  Sale Boca y explotan los fuegos artificiales y los corazones boquenses se aceleran. Si hubiera un aparato que midiera los latidos de los corazones de nosotros los hinchas, seguro que necesitaría más capacidad para informar.

Empieza el partido, Boca avanza hacia mi arco y a los tres minutos se pone en ventaja; gol de Boca, sale el grito esperado, salta la felicidad de hombro en hombro xeneize, explota la máquina de medir los latidos y se siente que la esperanza está en nosotros. Seguimos avanzando y por poco no llegan más goles; se ha ido el frío llevándose la lluvia quien sabe adónde. Ellos empiezan a atacar y se ponen cerca del área nuestra; de pronto empatan, no!. Ha vuelto la lluvia y el frío se ha instalado otra vez en mi espalda. Termina el primer tiempo.

En el pasillo que separa la pared de la gente de la tribuna se forman grupos de hinchas que debaten si hace falta algún cambio para el segundo tiempo, otros que fuman porros, las parejas que se abrazan y besan como si estuvieran el Parque Lezama. Uno de esos grupos empieza a cantar la cumbia bostera y arenga a los demás a cantar. Yo me prendo en el canto y trato de hacer algún paso de baile como hacen ellos; y muevo los brazos y canto y acompaño; uno de esos tipos del grupo sale de ese lugar y camina hacia mí. Me da la mano y me dice: vamos Bocaaaa!!; Vamos!!, le digo y me siento uno de ellos.

Empieza el segundo tiempo, no hay cambios en Boca; presiento o deseo, mejor dicho, que el equipo salga a morder y meter goles, porque estamos afuera. Y Boca lo hace, se va al taque y empuja; hay córner para nosotros, cantamos todos, la Bombonera late, viene el centro, lo ganan ellos, contragolpe y nos meten el segundo. Seguimos cantando a pesar de ese gol; dos minutos más y nos meten el tercero. Como dijo Neruda en su "Salitrera Santa Elena", siento que la tierra se abre delante de mis pies.

Y ahora?, percibo la bronca y la desazón en el pueblo de Boca; siento impotencia, que no podremos, veo venir el dolor de la derrota; el equipo no muestra lo mismo que nosotros. Decido irme, como aquella vez cuando no me gustó “El lado oscuro del corazón” y me fui del cine, mientras Oliverio buscaba la mujer que pudiera “volar”.

Salgo a la oscura calle Brandsen, es fría la noche y llueve, todo feo para el que va a la cancha; peor aún para el que va a ver perder a su querido equipo. Camino solo por esa calle hacia la avenida Almirante Brown, ya están los vendedores de chori, pati y bondiola; todavía no gritan para vender; la verdad, no sé si después lo harán. Un hombre camina apurado atrás mío, me alcanza y me pregunta dónde está la parada del 152; voy para allí, le digo y caminamos juntos. “Vine desde Saavedra para ver esto!, me dice. Está enojado y dolido, como yo.

Tomamos el colectivo juntos y el hombre con su gorro mojado mira alrededor como tratando de encontrar una explicación; bajo en Juan de Garay y camino al garaje; llueve y llueve; los empleados están cenando y viendo el partido. “Abandonó, maestro?”, me dicen. Allí me entero del penal errado y eso hace crecer mi caída. Viajo de vuelta en mi auto; escucho el segundo gol de Boca y termina el partido. El relator dice lo que yo vi venir cuando volvió el frío y la lluvia adentro de la cancha: Boca eliminado de la Libertadores.

Julio San Martín, Buenos Aires, 17 de julio de 2016.



sábado, 25 de junio de 2016

Los esmeros











Los esmeros

Impecable vestimenta tiene el mozo de San Javier. El muestra una concentración en su trabajo que le permite estar atento a cualquier solicitud de cualquier persona. El observa, escucha y palpita lo que pasa en el salón.
Es el esmero que busca lo que lo pone a actuar así. El que está siendo atendido por él siente más de una satisfacción; encuentra cada cosa en su lugar y si necesita algo más; el esmero del mozo estará para servirlo.
El esmero y el servilismo son bien diferentes. El esmero hace que una persona sea mejor persona a cada instante porque sale de uno; en cambio el servilismo es lo que una persona ejecuta y demanda del otro con acciones de vasallaje.
Si mi tierra es mejor cada día es porque se la trata con esmero. Así es el cerro de Tucumán, donde la naturaleza ha actuado con esmero, ha puesto en sus helechos de todos los tamaños lo mejor de sí; lo hace mejor cerro cada día, lo hace mejor Tucumán cada día.

Los amigos y mis parientes de Tucumán me tratan con esmero; siento que esa “serena amistad”, como dijera Borges en “El amenazado”, es el fresco verdor de los cerros que siempre están, haya ido uno de visita en 1981 o en 2016.



Julio San Martín
Bs. As. 25 de junio de 2016.

domingo, 17 de abril de 2016

Los fuentones

Los fuentones

Julio, lo que tiene que hacer usted a primera hora cuando abra el negocio es colgar los fuentones, dijo Juan Carlos Torga, el dueño del bazar donde empezaba a trabajar ese día Julio San Martín. 
Eran las 8 de una mañana a pleno sol. Ese día empezaba una nueva etapa en la vida de Julio San Martín. Después de muchos años de tareas estresantes en sus diversos roles de Contador Publico, había decidido dar un vuelco en su vida y dedicarse a trabajos distintos.
Tengo que darles algún orden en especial a los fuentones, don Juan Carlos?, preguntó mirando el alambre donde se colgarán aquellos sanos productos.
No, dijo Juan Carlos. Cuélguelos como a usted le parezca que quedarán mejor.
Julio San Martin agarró un palo que tenía un gancho en la punta y el primer fuentón, el azul, con el que empezaría su nuevo trabajo.Cada fuentón tenia un hilo de plástico en su agarradera. El alambre donde colgaban tenía pequeños ganchitos. Él tenía que agarrar con el palo con el gancho el hilo de la agarradera, subirlo hasta el alambre y colocarlo en el gancho de arriba. Así lo hizo y el fuentón azul quedó colgando vistoso y brillante por el sol en la puerta del Bazar Torga. Eran las 8,38 de ese lunes y el había colgado con éxito su primer fuentón.

Vio que la vereda empezaba a poblarse con gente que iba apurada a sus trabajos o quienes empezaban sus compras del día. Voy a colgar ahora el amarillo, pensó. Mejor no, se dijo. Van a darse cuenta de que soy de Boca y no sé de qué cuadro es Juan Carlos. Agarró el verde y lo colgó. Así hizo con todos y al final miró la colorida fila plástica de sus queridos fuentones de colores.
Juan Carlos le dijo que a las 18,40 tenía que descolgarlos. Cuando ya la tarde caía y las luces de la avenida iban anunciando que la noche se acercaba, el empezóo la tarea opuesta a la de la mañana. Mientras en eso estaba, una linda mujer se le acercó y le dijo: que lástima que desarme esa hilera de colores. Yo paso todos los días por la vereda de enfrente para mirarlos, dijo ella. Es usted quien los cuelga, preguntó. Si, soy yo dijo Julio San Martín y llevó los fuentones para adentro porque empezaba a cerrarse el negocio.

Al día siguiente hizo su tarea temprano. Hizo la misma disposición de colores. No perdió de vista la vereda de enfrente a ver si la veía. No la vio. Paso rápido el día, los descolgó a la tarde y se fue a su casa. Ella no vino ese día, o tal vez pasó por la vereda de enfrente pero él no la vio.Al tercer día, cambió el orden de los colores, puso el amarillo al lado del azul, el verde después, el rojo y el blanco. Ojala los vea ella, pensó.
Pasó esa tarde cortando hojas de diario para envolver la tazas y vasos que compraban los clientes, ayudo en ordenar los juegos de cubiertos que llegaron nuevos. El día se le hizo corto; cuando estaba listo para descolgar los fuentones vio que la mujer estaba en la vereda.
Ayer no vine, dijo ella. Estuvieron colgados igual que hoy?, preguntó. No, dijo el. Hoy los cambié. Están hermosos le dijo ella. Me voy al comprar el azul dijo ella y entró al negocio. Julio San Martin empezó a descolgarlos y a llevarlos al deposito. Cuando volvió ella ya no estaba. Termino ese día
Cuando estaba por empezar con su trabajo diario, al día siguiente, Juan Carlos le dijo que no colgara el azul porque lo había comprado una señora. Cerca del mediodía, Juan Carlos le dijo a Julio San Martín que tenia que llevar el fuentón azul a la casa de la cliente. Es aquí cerca, dijo Juan Carlos, en la calle Trole. Julio San Martín puso el fuentón en una bolsa especial para fuentones y se fue a entregarlo. Tocó el portero eléctrico, en el 2 B. Quién es, dijo una voz de mujer. Del Bazar Torga, para entregar un fuentón, contestó. Pase por favor, y subió. Cuando salió del ascensor la puerta del B estaba abierta. Se asomó y estaba ella, que lo miró y le dijo: te estaba esperando...



Julio San Martín, abril 1/2016

"La joven de la perla"




"La joven de la perla"

Muchacha con turbante también te llaman.
Vienes del otrora secreto arte barroco de los 
Países Bajos.


Johannes Vermeer es quien puso la luz
con ese fondo oscuro. Tu mirada cristalina
viene desde siglos buscando 
al hombre que te sigue.

Desde hoy, que te conozco y te sigo
tímidamente, veo otra vez la perla
que es mi vida,
cual foco de luz.

Julio San Martín, Bs. As. abril 17/2016.