sábado, 16 de septiembre de 2017
jueves, 14 de septiembre de 2017
Uniendo historietas - Las Cariátides de Pompeya
Marta, AnLau, Emeroldán, Pambell
y Lauri han sido los pilares de las tareas administrativas; eran como aquellas
mujeres que sostienen el templo del Erecteion en la Acrópolis de Atenas. Con la
pesada carga sobre sus cabezas, las Cariátides son figuras femeninas que venían
de la isla de Carias y se caracterizaban por su fuerza para sostener el peso de
lo que venga. Así eran las chicas de la empresa de Pompeya; ellas resistían el
día a día del trabajo con el fruto de su juventud y su empeño.
Con todas sus responsabilidades propias
del hogar, sus familias y sus proyectos las chicas administrativas llevaban la
rutina del trabajo con el esfuerzo del largo viaje diario de ida y vuelta, los
tejes y manejos de las tareas, los cambios de humor del entorno y los vaivenes
en el carácter de los jefes.
Julio San Martín siempre las
admiró. Cada vez que pudo intentó acercarse a ellas, tuvo buenos contactos y el
trato siempre fue con respeto. Ellas lo trataban de usted; eso marcaba la
diferencia generacional entre el hombre ya grande y las chicas. Sin embargo, la
relación ha sido cómoda.
Julio San Martín pensó muchas
veces que las Cariátides de Pompeya no eran bien reconocidas en la empresa, no
en el aspecto laboral, porque no era él quien debía analizar ese caso, sino en
el trato que debían recibir como mujeres de alto empeño y responsabilidad
social. Por eso, cada vez que pudo les hizo un regalo, un pequeño presente para
reconocer un afecto, tal vez escondido por la empresa de camiones, que ellas no
recibían. Una vez, a una de ellas, le hizo un regalo adicional en el juego del
amigo invisible; no era ella quien le había tocado regalar, pero Julio San
Martín también puso un regalo a su nombre.
Además de soportar el peso, las
Cariátides se caracterizan por su belleza, lo cual también era brillo de
aquellas chicas. Siempre elegantes, bien vestidas con combinaciones perfectas
de colores y con gran habilidad para el baile. Así lo hicieron ver en una de
las fiestas de fin de año cuando el estilo de festejo se centraba en chorizos y
patys a la parrilla en el depósito. Allí hubo un baile y las chicas mostraron
sus cualidades para el meneaito.
La permanencia cronológica de
Julio San Martín y las Cariátides de Pompeya en la empresa de camiones no ha
sido coincidente. Hubo ingresos y egresos en momentos distintos, bienvenidas y
despedidas. No obstante, para Julio San Martín el compartir con aquel grupo en
mayor o menor grado, ha sido uno de los mejores encuentros sociales en su estadía
en la empresa.
Allí donde uno permanece ocho o
más horas diariamente, en la oficina es el lugar donde la cultura de trabajo
debe respetar la cultura de la amistad, porque se convive con personas con
quienes, si se establece un vínculo positivo, se humaniza mejor la relación y
todos pueden crecer. Eso es lo que Julio San Martín siempre persiguió: crecer
como persona y ser mejor individuo cada día. Con este grupo de chicas, o sea,
con personas como ellas él pudo ser más positivo y avanzar cada día hacia el
bienestar; seguramente ellas, en sus propias vidas, también lograrán ser
felices siendo como son.
A esta altura del año 2017, Pompeya
se ha quedado sin las Cariátides y sin Julio San Martín; sin embargo, aquellos
pequeños detalles que los ligaron a lo largo de muchos años, hoy en día, se
hacen cada vez más fuertes a la distancia a través del recuerdo. No sabe la empresa de camiones lo que se ha
perdido, pero sí sabe que ella ha sido la fuente de la tenue amistad entre
Julio San Martín y aquellas chicas que representaron, junto a la ruda rutina
del ir y venir de camiones, la belleza, como las Cariátides y las flores de la
primavera.
Julio San Martín
14 de septiembre de 2107.
sábado, 12 de agosto de 2017
Uniendo historietas - 7 - La primera invasión belga
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| Imperio colonial belga |
En noviembre de 2011 se produjo el primer desembarco belga en Pompeya. A las tranquilas costas de la avenida Saenz llegaron las huestes europeas que, en primera instancia habían hecho una cabecera de playa en Diagonal Norte y Esmeralda estableciendo un comando al mando del General Giorgios Ducros Lebrí. Desde allí, como ya lo había hecho el rey Leopoldo II en 1885 cuando creó el
Estado Libre del Congo y se había transformado en Berlín como su único accionista, dirigió sus misiles a la calle Traful.
El jefe de la infantería que tomó el portón azul en la cruzada invasora era el Coronel Plu, Jean Claude Van Plu, alias "El Belguita". Con resistencia cero se apoderó de un búnker en el centro administrativo y comenzó a dar órdenes con la energía de todo un gurka. Ni trinchera tenía Julio San Martín en su oficina junto a Victorinox, hasta que El Belguita lo llamó y le dijo: "From today you are our Tax Manager in this company. I will be the CEO and you have to report me".
Como si estuvieran cerca las PASO, las promesas de El Belguita iban en ascenso. "Vos puedes traer dos personas para que trabajen en tu sector, así pueden hacer todo lo que vos decís y minimizamos los riesgos maximizando su eficacia". Julio San Martín obtuvo una oficina nueva; era un viejo reducto de un viejo integrante de la empresa y, gracias a la gestión de El Belguita, se transformó en una oficina para Julio San Martín y otra oficina donde vendrían las dos personas a contratar y Victorinox.
Pero de la noche a la mañana, la promesa de campaña se transformó y El Belguita dijo que una sola persona podía entrar. Así fue que Julio San Martín eligió a Paola Monte Grande. El Belguita abolió las reuniones donde participaba Julio San Martín y lo dejó lejos de los lugares donde se debatían los eventuales cambios y se esbozaban los horizontes que la empresa necesitaba. Daba la sensación de que la primera colonización belga había mentido en el momento de su irrupción o que había cambiado su marcha en medio del camino; tal vez el General Lebrí tenía otra estrategia, quien sabe con qué objetivo.
Pasaron años y cuando ya la infantería invasora informó que el camino estaba allanado el General Lebrí se hizo presente en el barrio del olvidado sur porteño, al decir de Borges. Empezó con acciones bélicas de sorpresa y mandó a Victorinox a trabajar en la base de operaciones del centro. Lo hizo hacer de todo para muchas empresas que no eran de camiones y no le dio ni un franco belga de más. A Julio San Martín también lo hizo trabajar con planes de facilidades de AFIP para un pariente suyo residente en Europa antes del Brexit. Todo ello como si las funciones de los profesionales de Tax Department fueran un dos por uno de Pharmaticy. Nada hubo a cambio para estos dos contadores, ni un café con una mísera medialuna de La Rumba.
Una anécdota que quedó de aquellos años donde la prepotencia de la invasión belga dejó su sello es cuando Julio San Martín cumplió veinticinco años de matriculado en el Consejo Profesional y fue invitado a un acto de entrega de medallas que también tenía un cóctel; el ágape era a las 18 horas y él pidió permiso para ir; también pidió autorización para que la oficina quedara sola por treinta minutos porque él invitaba a Victorinox y a Paola Monte Grande al acto. La respuesta de El Belguita fue un rotundo no y aportó la idea de que Julio San Martín debía invitar sólo a Victorinox, porque Paola Monte Grande hacía poco tiempo que había entrado.
Mientras Paola Monte Grande se afianzaba en su puesto El Belguita empezó a apuntarle con cañones de pocos amigos y la armonía se fue resintiendo. Amigos y amigas de El Belguita se encargaron de hacer circular referencias negativas de la niña de Tax Department y su permanencia en la empresa comenzó con la cuenta regresiva. Tampoco la salud de Paola Monte Grande la ayudó y una intervención quirúrgica la mantuvo alejada de la oficina un tiempo. Hasta que Julio San Martín tuvo que decirle que se tenía que ir. Llegó Topacio, que desde el minuto uno quiso hacerse belga; y Victorinox, al poco tiempo, optó por irse a su casa dejando a Julio San Martín solo, como al principio de los tiempos en la empresa de camiones.
Así fueron las primeras invasiones belgas; dejaron profundas consecuencias como toda invasión lo hace. Trajeron cambios en las relaciones humanas, instalaron la cultura del "amigo de". Julio San Martín no sabía si estar contento por el nombramiento que había recibido o estar triste porque, en la práctica, su avance se había detenido.
Así como en el Estado Libre del Congo el colonizador belga bajo el mando de Leopoldo II extrajo sus riquezas y construyó los finos edificios públicos que hoy están en Bruselas,Ostende y Amberes, el plan del General Lebrí transformó en cenizas la dignidad de los que venían remando desde hacia siete años y creó para si una estructura rígida de poder, la cual no tuvo nunca una hendija por la que entrara un triste sueño de Julio San Martín.
Mientras Paola Monte Grande se afianzaba en su puesto El Belguita empezó a apuntarle con cañones de pocos amigos y la armonía se fue resintiendo. Amigos y amigas de El Belguita se encargaron de hacer circular referencias negativas de la niña de Tax Department y su permanencia en la empresa comenzó con la cuenta regresiva. Tampoco la salud de Paola Monte Grande la ayudó y una intervención quirúrgica la mantuvo alejada de la oficina un tiempo. Hasta que Julio San Martín tuvo que decirle que se tenía que ir. Llegó Topacio, que desde el minuto uno quiso hacerse belga; y Victorinox, al poco tiempo, optó por irse a su casa dejando a Julio San Martín solo, como al principio de los tiempos en la empresa de camiones.
Así fueron las primeras invasiones belgas; dejaron profundas consecuencias como toda invasión lo hace. Trajeron cambios en las relaciones humanas, instalaron la cultura del "amigo de". Julio San Martín no sabía si estar contento por el nombramiento que había recibido o estar triste porque, en la práctica, su avance se había detenido.
Así como en el Estado Libre del Congo el colonizador belga bajo el mando de Leopoldo II extrajo sus riquezas y construyó los finos edificios públicos que hoy están en Bruselas,Ostende y Amberes, el plan del General Lebrí transformó en cenizas la dignidad de los que venían remando desde hacia siete años y creó para si una estructura rígida de poder, la cual no tuvo nunca una hendija por la que entrara un triste sueño de Julio San Martín.
Julio San Martín
CABA, 17 de agosto de 2017.
Uniendo historietas - 6 - Victorinox y Cocus
En el caso de Victorinox y Cocus, tal vez en algún tangencial punto se parecían a Cástor y Pólux, o a Pólux y Cástor, vaya uno a saber en qué. El hecho es que estos dos muchachos se acercaron a Julio San Martín en la empresa de camiones de Pompeya y lo hicieron formar parte de su juventud integrándolo a participar de salidas a almorzar en horario de trabajo, en partidos de fútbol tanto internos como externos y en after hours por la zona de San Juan y Boedo.
Veamos cómo fueron estas situaciones:
1 - Julio San Martín Director Técnico
Estando Julio San Martín trabajando en su oficina triangular, entró Cocus con otro chico y le preguntó si le gustaba el fútbol, porque estaban armando un equipo. Cómo habrán sabido estos chicos, pensó Julio San Martín de mis gambetas como wing derecho de Villa Mitre en Tafí Viejo; si bien tengo cuarenta y ocho años, todavía me siguen viendo condiciones, siguió pensando. Es porque necesitamos un director técnico dijo Cocus. Ah, dijo Julio San Martín borrando todos sus pensamientos y de una aceptó el cargo.
Como era el primer partido, el director técnico paró en la cancha al equipo que ya venía jugando; solo llevó a Victorinox al banco de suplentes. Empezó mal el equipo y terminó perdiendo el primer tiempo; entonces Julio San Martín dio una memorable charla técnica en el entretiempo y el equipo salió a comerse al rival, además puso a Victorinox de defensor en lugar de Marcellus que no la estaba viendo. En la charla, Julio San Martín le dijo a Cocus que estaba bien lo que hacía, pero que se abriera más a la derecha para salir jugando. Miró a Leandris y le dijo que se le acercara un poquito más al siete de ellos porque arrancaba solo; al arquero Denis le dijo que tratara de entregar mejor la pelota al ras del piso y, por último le dijo a Nico de Cobranzas: vos Nico estás corriendo de un lado a otro y no estás haciendo nada, Nico lo miró como diciendo y este quién es para decirme eso! A partir de ese día, la carrera de Nico cambió rotundamente y quedó listo para jugar en primera.
2 - Conociendo La tacita de Boedo.
Cocus y Victorinox organizaron una salida a almorzar juntos con Julio San Martín y se fueron en colectivo a La Tacita de Boedo. Cocus conocía el lugar y los otros dos no. Estuvo buena la salida porque compartieron una linda charla muy abierta de todos los temas y así fueron integrándose mejor fuera del ámbito donde siempre se veían, o sea en las frías oficinas de la empresa de camiones. Pero el detalle estuvo cuando salieron, porque fueron a tomar el 128 para volver; estando en la parada, vino el 75, que paró unos metros más allá. Ese también va! gritó Cocus y salió corriendo a agarrarlo, Victorinox hizo lo mismo y Julio San Martín, que no tenía el estado físico de Cástor y Polux se quedó mirando como ellos se iban en el otro colectivo.
3 - Señores dejo todo, me voy a ver al Santo.
Con Victorinox, Julio San Martín fueron a la cancha de Huracán a ver el partido de San Martín de Tucumán contra el local, cuando el Santo tucumano estaba en la A. Previo a la entrada, a Victorinox lo eligieron para un control de alcoholemia, zafó y entraron a la cancha. Así él conoció la hinchada tucumana porque compartieron la tribuna, lástima que el Globo metió un gol sobre el final y San Martín se volvió triste a Tucumán y Julio San Martín, triste a su casa.
Julio San Martín invitó a Cocus a ver a San Martín contra Racing en Avellaneda. En aquella época, en primera división, podían ir a la cancha los visitantes. Allí estuvieron entonces en la popular del Santo, en la tribuna donde pasan cosas, al decir de Caparrós. Y pasaron muchas cosas, porque Turdó hizo el primero justo en el arco donde estaban Cocus y Julio San Martín. Después empató Racing, pero al final el Pescadito Urbano le dio los tres puntos a San Martín; así, Cocus se hizo un integrante mas de la Banda del Camión y sintió la emoción tucumana de la victoria.
Estas dos idas a la cancha junto a los muchachos de la empresa de camiones ayudaron a Julio San Martin a mostrarles a ellos el fervor de la tribuna del Santo. Quiso poner de manifiesto de ese modo que era real todo lo que les había contado en las charlas futboleras de los pasillos o de los paréntesis en las oficinas.
Julio San Martín invitó a Cocus a ver a San Martín contra Racing en Avellaneda. En aquella época, en primera división, podían ir a la cancha los visitantes. Allí estuvieron entonces en la popular del Santo, en la tribuna donde pasan cosas, al decir de Caparrós. Y pasaron muchas cosas, porque Turdó hizo el primero justo en el arco donde estaban Cocus y Julio San Martín. Después empató Racing, pero al final el Pescadito Urbano le dio los tres puntos a San Martín; así, Cocus se hizo un integrante mas de la Banda del Camión y sintió la emoción tucumana de la victoria.
Estas dos idas a la cancha junto a los muchachos de la empresa de camiones ayudaron a Julio San Martin a mostrarles a ellos el fervor de la tribuna del Santo. Quiso poner de manifiesto de ese modo que era real todo lo que les había contado en las charlas futboleras de los pasillos o de los paréntesis en las oficinas.
4 - Sidra en Margot.
Se habían propuesto los tres salir algún viernes a tomar algo después de la oficina. Victorinox, Cocus y Julio San Martín fueron una tarde a tomar sidra tirada en el bar Margot, de la avenida Boedo. Allí donde el corso pone su escenario, justo en esa esquina, los tres se sentaron a la mesa que da a la ventana y le dieron fuerte a la sidra fresquita.
Se habían propuesto los tres salir algún viernes a tomar algo después de la oficina. Victorinox, Cocus y Julio San Martín fueron una tarde a tomar sidra tirada en el bar Margot, de la avenida Boedo. Allí donde el corso pone su escenario, justo en esa esquina, los tres se sentaron a la mesa que da a la ventana y le dieron fuerte a la sidra fresquita.
Esa vez quedaron atrás las charlas de siempre y vinieron nuevos temas a la mesa, como las mujeres y los sueños. Se dice que la sidra de Margot es especialista en esos temas y los tres confirmaron ese mito. Cuenta una leyenda de Almagro que muchas mujeres recorren en sueños, por las noches, el pasaje San Ignacio. Dicen que el viento las lleva entre los árboles y que cuando las ventanas de Margot están abiertas, entran y se enredan con los sueños de los parroquianos que se deleitan con la sidra. Si los sueños, las mujeres y los muchachos de bar entran en su magia, se sientan con ellos y comienzan un vinculo que vuela ansioso hacia las estrellas.
Ese vínculo de Victorinox, Cocus y Julio San Martín duró poco tiempo, pero fue bueno. Corría el segundo quinquenio de los años 2000 donde ocurrieron estos hechos. Después vinieron cosas que dejaron atrás aquellas salidas y la distancia se fue haciendo dueña de la relación; no importa que haya sido así, porque los instantes vividos en armonía fueron buenos y esos son los que se recuerdan para siempre.
Julio San Martín
CABA, 12 de agosto de 2017
jueves, 27 de julio de 2017
Uniendo historietas - 5 - Victorinox y Pambell
Julio San Martín llegó a la empresa un poco más
tarde de lo normal por un trámite que había realizado en el centro. Era un día
de tórrido verano porteño; en la recepción lo estaba esperando un muchacho apuesto
y muy elegante luciendo un ambo de color natural, como si fuera un colombiano o
un ecuatoriano a la hora pico de la labor en la zona de bancos.
El sector administrativo de la empresa de
camiones estaba organizándose en aquella época y en el sector de Control Contable
había ingresado a trabajar la señorita Pambell. Ella era muy atenta y lucía una
juvenil elegancia propia de las modelos de la revista Pronto. Era simpática y
dada a la conversación suelta y podía abordar cualquier tema.
Lo están esperando, le dijo la recepcionista a
Julio San Martín quien saludó al señor y lo invitó a pasar. Fueron hasta la
oficina triangular frente a la atenta mirada de las chicas del sector vecino
que se miraban entre ellas y se preguntaban quién era. El señor Bagam se acercó
a la oficina de Taxes y se hizo una pequeña reunión entre los tres.
Julio San Martín y la señorita Pambell habían
entablado una tenue amistad. Ella venía hasta la oficina y siempre había algo
para comentar; a veces un chisme, otras un estado de ánimo, pero cada vez que
hablaban se hacía llevadero el diálogo.
Victorinox era el nombre del muchacho que a
partir de ese día trabajaría junto a Julio San Martín en aquel entuerto
impositivo que tenía la empresa de camiones. Ahí se puso en marcha una relación
que perduraría en el tiempo con muchos dimes y diretes propios del devenir
laboral. Victorinox tenía joven empuje, y hablaba mucho, le gustaba conversar e
intercambiar opiniones e ideas, todo lo contrario a la amiga Alepé cuya voz
poco se había conocido.
La señorita Pambell también empezó a hablar con
Victorinox. Se hicieron compinches, porque ambos eran simpáticos y compartían
anécdotas y hasta un lenguaje común, aquel de los chicos jóvenes que se
diferenciaban de los modismos más tradicionales de Julio San Martín o del señor
Bagam.
Con Victorinox entonces se hicieron charlas
amenas y con Julio San Martín compartían la admiración por el mejor equipo de
todos los tiempos: Boca Juniors. Así, en los ratos donde las cuestiones
impositivas iban quedando de lado para descansar, se trenzaban en
conversaciones futboleras, de cultura general y de mujeres también, porque no
decirlo. Victorinox, le había echado el ojo a una de las chicas del sector
vecino y se desarmaba por contestarle cuando ella venía a Taxes a preguntar
algo.
La señorita Pambell era del equipo que estaba
por descender en el año 2009, así que se tiraba con munición gruesa con los
muchachos de Taxes.
Todo aquello era luz de día de oficina; a las
seis de la tarde todo se terminaba y al día siguiente se reflotaba, pero todo
quedaba allí. Lo bueno de Victorinox era que le gustaba contar lo que hacía; y
por ejemplo decía que le gustaba escribir canciones y cantar, pero eso sí: en
inglés. Justo Julio San Martín estaba estudiando inglés en el Centro
Universitario de Idiomas y entonces podían compartir la poesía de Victorinox
escrita en ese idioma. Su ídolo era Bon Jovi y no veía la hora de que viniera a
Buenos Aires para ir a verlo.
Un día después del almuerzo, Victorinox se
descompuso; se sintió mal y empezó a deslizarse en su silla. Julio San Martín
lo ayudó y lo hizo acostar en el piso armando como una colchoneta con las cajas
de archivo. Avisó a “Inhuman Resources” para que llamaran una ambulancia y ese
sector, con la rapidez que siempre lo caracterizó se ocupó del tema. Una hora y
media más tarde vino el médico y lo atendió. Victorinox había tenido alto
stress por las múltiples actividades que realizaba; el médico le indicó que se
fuera a su casa. Julio San Martín lo llevó en su auto.
Se trabajó duro en aquellos años, porque Julio
San Martín y Victorinox se propusieron crear Tax Department que, a su juicio,
la empresa de camiones tanto necesitaba. Lo hicieron con el ímpetu de
Victorinox y la experiencia de Julio San Martín. Lo mejor que lograron ambos,
fue el respeto con el que siempre se trataron. Victorinox siempre dejó que la
respuesta del sector la diera Julio San Martín; también se ocupó de que el
invisible organigrama de la oficina triangular se respetara. Con el correr del
tiempo aquel hilo respetuoso que había tejido Victorinox en su relación de trabajo
con Julio San Martín fue cortado de cuajo por el insensible actuar de otros
personajes.
Una tranquila tarde de septiembre en el año
2008 Julio San Martín fue al baño y empezó a sentirse cada vez peor. Transpiraba
frío y se le aceleraron los latidos del corazón. Se había mareado, tenía ganas
de vomitar y sentía que se caía. Estaba solo; como pudo intentó salir del baño
y llamar a alguien. Justo en ese momento, la señorita Pambell entraba al baño y
lo vio en ese estado. LLamá a Victorinox, le dijo él y cayó. Ella entró al baño
de hombres y lo ayudó. Él estaba tirado debajo de los mingitorios. Llegó
Victorinox, llegó Bagam, Juanva y otra vez pidieron a “Inhuman Resources” la
ambulancia. Vinieron los médicos, hay que hacerle un electrocardiograma,
dijeron. No hay enchufe en el baño, dijo el paramédico. Yo lo enchufo en
Cobranzas dijo uno y llevó un alargador.
Subieron a Julio San Martín a la ambulancia y
lo llevaron al Sacre Cour, lejísimo de Pompeya. Victorinox fue con él en el
viaje. Llegaron al Sacre Cour. Los médicos los dejaron en la guardia y se
fueron. Victorinox tenía los papeles del electro. Vino la médica de la guardia,
a ver, dijo. Este electro está bien, dijo. Y aquí que pasó?!, dijo, se detuvo
el corazón?. No, dijo Victorinox, se desenchufó el aparato.
Para el pensamiento de Julio San Martín, ese
día marcó un antes y un después. Un bajón pronunciado de presión producto del estrés,
había tenido. Aprendió que la respuesta a una inspección de la AFIP puede
esperar; había estado tratando de entender junto a Victorinox la conciliación
entre los ingresos declarados por la empresa de camiones y los depósitos
bancarios. Aprendió que el compañero de trabajo que es realmente compañero
puede asistir a su compañero en el baño, aún si es de otro sexo; y aprendió que
el empuje juvenil de la señorita Pambell y de Victorinox es también amistad.
Julio San Martín
CABA, 27 de julio de 2017
jueves, 20 de julio de 2017
Uniendo historietas - 4 - Alepé
La oficina triangular de Taxes se iluminó cuando llegó Alepé a trabajar allí. Aquel espacio oscuro y frío de uno de los rincones angulares ahora tendría perfume de mujer. Julio San Martín le dió la bienvenida y ella, con pocos palabras, agradeció y preguntó qué había que hacer. No sin antes aclarar que tenía mucho trabajo pendiente de su sector anterior, por lo que iba a ir "mechando" las nuevas tareas con los issues que traía bajo el brazo.
Él le dijo "mejor andá terminando lo pendiente para que puedas meterte de lleno en las tareas de aquí"; y no sé, dijo ella, lo mío es largo, así que no sé cuándo voy a terminar.
Glup!, pensó Julio San Martín.
En los días siguientes Alepé aportó silencios a la oficina; Julio San Marín recordó sus días de paseo por Tilcara y otros lugares de la Puna Jujeña y comparó el silencio del viento y la altura con el de Alepé: obtuvo el mismo resultado. No obstante, un mediodía caminando por la avenida Saenz Julio San Martín se encontró con ella y decidieron ir a almorzar juntos. Alli conoció la otra cara de Alepé. Él conocía la cara de la oficina triangular, la silenciosa, la introvertida, la del gesto adusto.
En el almuerzo, ella se mostró totalmente distinta, con una sonrisa que nunca le había visto y con un conjunto de frases y oraciones de una conversación como nunca había tenido. Así las cosas, Julio San Martín pensó que Alepé era semejante al dios romano Jano, aquel de las dos caras; el que no tiene correlato en la mitología griega; el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Poco tiempo llevaba conociéndola y ella se manisfestaba así. A partir de ese día, para él, ella sería Jano.
Julio San Martín le abrió las puertas de la oficina triangular; era el comienzo de él en aquella empresa que se había propuesto progresar, pero por el devenir mismo de la realidad, no podía conocer cuál sería el final. Corría un tórrido verano en época de vacaciones y Julio San Martín estaba durmiendo una siesta en una tarde apacible frente al mar, cuando sonó su teléfono y lo llamaba el Sr. Bagam. Este le avisaba que Alepé se había ido de la empresa.
Y así se fue. Sin decirle nada a Julio San Martín. Sin decirle adiós, hasta nunca. Sin nada, sin habla, en silencio, callada, con la cara de Jano mirando quien sabe adónde.
Julio San Martín
CABA, 20 de julio de 2017
jueves, 13 de julio de 2017
Uniendo Historietas - 3 - "De Córdoba Capiiital"
En una de las entrevistas que tuvo que hacer cuando estaba intentando ingresar a la compañía, Julio San Martín se reunió en el centro, en el edificio donde está ARBA, con el Contador Bagam y el Licenciado Caalaye. Ahí conoció a este señor que luego, una vez ingresado ya a trabajar, pasó a ser el único superior en el cuadro jerárquico, que le propuso almorzar juntos. Nunca más, como tanto se dijo en este país, alguien salió a comer con Julio San Martín.
Hasta ese momento los jefes de Julio San Martín eran dos, Bagam y Caalaye. Después apareció otro, el Licenciado Juanva; o sea que a estas tres personas había que rendir cuentas. Cualquier cosa que quisiera decir Julio San Martín, tenía que decirla tres veces y explicarla tres veces. Es decir, si el Impuesto al Valor Agregado daba saldo a pagar, tenía que decirle a Bagam, a Caalaye y a Juanva. Una vez, ante un elevando monto a pagar de IVA, lo llamaron a una reunión que había con los directores. Julio San Martín explicó la liquidación, una vez más - como diría Lerner - y el Lic. Caalaye dijo: "yo no entieeendo; antes teníamos saldo a faaaavor y ahora hay que paaagar?. Todos los asistentes, miraron a Julio San Martin con la mirada como si estuvieran esperando un corner. Todo se explicó, pero que buena pregunta se mandó Caalaye! Un amigo!
Con el pasar de los días, el Licenciado Caalaye y Julio San Martín fueron encontrando afinidades; el fútbol, la forma de ser de los hombres del interior del país y el deseo siempre presente de volver a la tierra de uno. En realidad Caalaye vivía de lunes a viernes en esta ciudad devoradora, como diría Neruda, y los fines de semana los pasaba en su querida "Córdoba Capiital"
Desde el punto de vista del trabajo en la empresa de camiones, ellos hicieron un trabajo que permaneció aún después de él retirado; y Julio San Martín lo utilizó hasta su último presupuesto impositivo en la empresa. Juntos armaron una planilla que servía como herramienta para saber todos los vencimientos fiscales del mes. Este documento sirvió para muchas acciones que diferentes personajes en distintos puestos llevaron a cabo.
Algunos de esos personajes lo utilizaron, lo entendieron y le dieron uso; otros, un tanto más soberbios, al no ser de su autoria lo trataron con indiferencia, o intentaron destruirlo; y otros, peor aún, propusieron cambios en el armado, a los que su único autor presente, Julio San Martín, accedió porque vio una mejora en la información, pero no sin darse cuenta de que quien lo proponía no tenía la más pálida idea de cual era el real contenido de la herramienta.
El recuerdo de Caalaye lo ha tenido Julio San Martín cada vez que ha trabajado con ese presupuesto; alrededor de 156 veces lo preparó, puede decirse que Caalaye ha permanecido en su obra; quién sabe ahora si Julio San Martín permanecerá en su obra, tal vez ha llegado el final de aquel documento. Quizás es el poema de Borges el que se hace realidad con el trabajo de Julio San Martín y Caalaye, porque aquella herramienta y el empeño que se había puesto en ella "no sabrán nunca que nos hemos ido".
Julio San Martín
CABA 13/7/2017
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