sábado, 8 de junio de 2013

Día del medio ambiente


Por el recuerdo de las cunetas de la calle Reconquista, los siempreverdes de la calle Balcarce, los fondos de las casas de mi cuadra, la esquina con la calle Bolívar, el zanjón de la Perú, la vista desde la cancha de Juventud, los tarcos de la Avenida, el aire del cerro que baja fresco en las tardes de Tafí, por el cielo de la Estación, por las “nubes blancas cuando estaban en el cielo”, como dijera Yeats; por las naranjas agrias de la plaza, por los amores jóvenes de los atardeceres en las veredas de barrios que no eran míos, por el Nogalar y la Toma, por la alegría de los bailes de Mitre a la siesta, por el calor de los abrazos de los amigos, por las almas celestiales de los que nos miran desde el más allá y por el viento de la esperanza que nunca deja de tocarnos las caras.

 

Por todo ello, feliz día del medio ambiente.

La última visita





Habían sido vecinos casi toda la vida. Cada uno de ellos tenía su familia. Por la tela del fondo de sus casas habían compartido todos los momentos que les había tocado vivir. Los años fueron pasando, las familias agrandándose, la tía y el vecino fueron entrando en la ancianidad pero no dejaban de verse.
En la vereda en las noches de verano, cada uno de ellos con su silla sentado mirando las estrellas, a veces hablaba de sus cosas, dialogaban con sus hijos y sus vecinos. También se encontraban en el almacén de don Ruperto. Siempre había oportunidad  para que aquellos vecinos se vieran y se contaran sus cosas, siempre con el trascendental respeto entre ellos.
Como era la gente de antes, la que tenía ese valor arraigado en su sangre. El tiempo siguió su vertiginoso transcurso y las familias comenzaron a hacerse más pequeñas. Los hijos tuvieron sus hijos, sus casas nuevas, sus esposos se fueron al cielo y los eternos vecinos siempre fieles a sus costumbres.
La tía se mudó de casa, el vecino se quedó sin ella, viudo y solo con la visita de sus hijos. La tía estaba sola en su casa grande y espaciosa. Vinieron las enfermedades. Aquellas de las grandes, esas que hacen correr el tiempo en cuenta regresiva. Cada uno en su casa padeció su malestar y supo llevar adelante ese misterio que es el cuerpo enfermo y la soledad.  El vecino empeoró en su salud y supo que sus días iban apagándose. Ya le costaba salir. Ella en su casa tenía algo parecido y estaba lejana.
El vecino, sabiéndose partir, le pidió a su hijo que lo llevara a ver a la tía. Y así se hizo. El hijo llevó a su padre enfermo, elegante, vestido de traje a visitar a quien tanto extrañaba. Ella les abrió la puerta y los hizo pasar. El hijo le dijo: mi papá quería venir a visitarla. Ella preparó té para los tres y se sentaron a la mesa. Las miradas estaban enfermas y cansadas, pero volvieron a tener el brillo de un amanecer. Aquel día, el pueblo, otrora ferroviario, tuvo dos soles nacientes.  Los ojos alegres de la tía y la mirada juvenil y relajada del vecino.
 Julio San Martín
CABA, 8 de junio de 2013



domingo, 26 de mayo de 2013

Arjen Robben

Arjen Robben o cómo entrar al área, primero sin la pelota y después ya manejándola con pura potencia, reflejos y habilidad. También ha sido un premio para Robben, porque no había tenido suerte en las finales anteriores; y en este partido, tuvo tres mano a mano con el arquero del Borussia, en el tercero ganó él y el Bayern.

Qué buen jugador!!

sábado, 18 de mayo de 2013

Walter Erviti; jugador de Boca Juniors


He visto a Erviti en un programa de televisión en una charla distendida con los conductores y me quedaron cosas que él dijo como las que voy a tratar de describir ahora. No sólo por las anécdotas que contó recuerdo aquella charla, sino porque recordó hechos con su padre y para mi eso es lo importante; cuando un hijo cuenta algo de su padre a mi me estremece.

Siempre tengo el sueño de escribir un libro con esos recuerdos, porque voy recolectando cosas que los hijos cuentan de sus padres, por ahora en mi cabeza, y sé que alguna vez lo voy a lograr.

Volviendo a Erviti, quiero decir que es para mi, en mi condición de gran hincha de Boca, el motor del medio campo xeneize. Corre, juega, mete, marca, gambetea, ayuda, la pide, pica, empuja y genera momentos inolvidables como el empate a River en la cancha de ellos.

Ahora si, yendo a la entrevista, él dijo que nació en Mar del Plata, que su padre era pintor de obra y que vivían a sesenta cuadras de la playa. Que a él no le interesaba la playa, que lo suyo era el fútbol y jugaba a cualquier hora y en cualquier lugar.

Cuando se estaban contruyendo los balnearios de Punta Mogotes, su padre trabajaba allí todo el día y a veces los llevaba a él y a su hermano para que lo acompañaran. Como se estaban haciendo las canchas del Balneario 12, el padre pedía permiso a los dueños y los chicos jugaban allí.

Siguiendo con el relato de Erviti, un día después de un arduo trabajo, el padre les dijo que tenía plata para volver en colectivo a la casa o para tomar una Coca. Ellos eligieron la Coca, entonces tuvieron que volver caminando; a las dos cuadras se querían matar por todo lo que tendrían que caminar.

Hasta allí la anécdota.

¿Será ése el origen del sacrificio de Erviti?; jugar y meter; jugar en cualquier lado de la cancha y volver sesenta cuadras caminado a su casa; ¿eso pasará por su cabeza en cada partido?; la Coca o el colectivo, le había dicho su padre; él eligió la Coca y caminó hasta la casa; se dió el gusto de tomar una Coca fresquita como cuando la para y la pisa adentro del área; y volvió caminando un largo trayecto, como cuando hace de rueda de auxilio del equipo entero.

Ese es Walter Erviti, el mediocampista jugador exquisito y metedor incansable de Boca.

domingo, 12 de mayo de 2013

Pompeya Sila y Boca




Que se termine en Boca lo del equipo alternativo, lo de los pibes, lo de la mala racha, lo de recibir goles a los 45 segundos o a los 3 minutos; lo de sufrir dos goles en el primer tiempo; lo de terminar los primeros tiempos sin ni siquiera descontar; lo de empezar apocado el segundo tramo del partido sin miras de descontar y recibir, encima el tercero en contra. Este es mi deseo, que todo eso llegue a su fin, para que los hinchas de Boca como yo, vayamos y volvamos felices de la cancha.

Deseo ir a la cancha de local esperanzado en ganar y ver al equipo buscar el triunfo desde el minuto cero; que el rival sienta que está jugando contra Boca; que las camisetas de nuestros corazones estén más mojadas que las de ellos; que la pelota vaya siempre para el área rival y que se la empuje con fuerza, con bronca y con hambre de gol. Deseo que se terminen esos pases laterales del 2 al 6, del 6 al 3 y del 3 al 2 de nuevo para que se la tire otra vez al 4.

El fútbol, amigo Bianchi, tiene que jugarse hacia adelante; desde donde se esté parado en el campo de juego; mejor dicho, Boca tiene que ir siempre adelante. Que cada pelota que se dispute sea la de la final de la copa del mundo, y que se trate de ganar. En ese instante en que se pelea el juego no ayuda la historia del equipo más grande, o del técnico más ganador, o de la mala racha; importa ganar esa pelota y avanzar.

Si se van a jugar dos campeonatos, el local y la Copa Libertadores, hay que tener dos equipos competitivos para eso; no hay que dar ventajas en ninguno de los dos; el equipo siempre debe ser Boca, el más temido. Aquí pienso que la dirigencia actual juega con nosotros los socios y con los hinchas; nosotros somos los que pagamos la cuota social y los que vamos a la cancha; haga frío o calor, sea el día y la hora que sea, a dejar que la policía te trate como a un perro a tres cuadras de la cancha; a que te hagan dejar el diario antes de entrar o que no te permitan el ingreso de una tortita negra que uno lleva para hacer una colación futbolística; a estar parado y apretado durante mucho tiempo; a esperar a que a la cana se le de por dejarte salir; y encima de todo eso, que el equipo pierda y que sea vapuleado por el rival. Basta de todo eso, señores Bianchi, Angelicci y todos los demás de la comisión directiva. Pienso que el club debiera retribuir todo lo que el hincha hace con un despliegue de alternativas que favorezcan siempre al equipo; si se necesitan jugadores para el torneo local, que se compre los que sean necesarios; y si se requiere experiencia para una copa internacional que se busquen jugadores que cumplan con esos requisitos. Que se termine la improvisación y que el que vaya a jugar de cuatro que sea cuatro; que si el proceso de las inferiores no destaca un seis en ese puesto tan difícil, que se lo traiga urgente de cualquier lado. Basta de pichuleo, señores que manejan el club. 

La historia siempre nos va a mostrar el camino, veamos: cuando Cayo Julio César fue nombrado Pontifex Maximus, su nuevo cargo vino marcado por el escándalo; su esposa Pompeya Sila era la responsable de la organización de los ritos de la Bona Dea en diciembre, que era una liturgia femenina excusivamente. Durante una de las celebraciones, un jover líder demagogo, Publio Clodio Pulcro, consiguió entrar a la casa disfrazado de mujer movido por el lascivo propósito de yacer con Pompeya. En respuesta a este sacrilegio, del cual ella no era culpable, Pompeya recibió una orden de divorcio.

César admitió en público que él no la consideraba responsable, pero justificó su acción con la célebre máxima:
La mujer del César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo.

Boca, el club de mis amores, debe ser Boca en cualquier torneo y cualquier equipo que salga a la cancha con la camiseta azul y amarilla, debe parecer Boca.


martes, 7 de mayo de 2013

Los regalos




El regalo es el medio más directo para demostrar afecto a otra persona; creo firmemente en eso; traigo ese sentir desde mi origen porque he recibido regalos que todavía me acompañan. De aquella época, por cuestiones propias del tiempo, no tengo los aspectos materiales de los regalos, pero si los espíritus de ellos todavía viven en mí.
Mis padres me han regalado la vida; mis hermanos el amor y mis abuelos, mis tías, tíos y primos, cada uno de ellos, me han dado muchas cosas que, aún sin saberlo, me hacen celebrar la vida cada día.  Quiero hacer un homenaje, desde estas líneas a dos regalos que recibí de mi familia.
Mi querida y nunca olvidada tía Luisa, era la primera en llegar a mis cumpleaños; siempre me traía medias o calzoncillos, y depositaba en ellos un afecto tan grande que esas cosas han sido inolvidables. Pero una vez, cambió el regalo y me trajo una taza y un plato celestes. Era tan linda esa taza que si la tuviera hoy sería muy feliz; tenía dibujos en tonos pasteles y yo los miraba y los hacía jugar entre ellos; así, los dibujos del plato jugaban con los de la taza y yo disfrutaba con cada mate cocido que tomaba.
No sé dónde lo había comprado ella, por esas cosas del protocolo, eso no se dice; imagino yo que vendrían del Bazar del Hogar o de la Cooperativa; hoy creo verlos en la vidriera de esos lugares tan caros a mis afectos.  Hoy todas mis tazas y platos que uso para el mate cocido son celestes con tonos pasteles, aunque la realidad me los muestre con otros colores.  Y son eso sí, del Bazar del Hogar en la Avenida, o de la Cooperativa.
El otro regalo que hoy tengo en mi alma es el que me trajo mi tío Ramón, cuando yo ya iba dejando la tierna niñez para ingresar en la querida adolescencia. Mi tío Ramón vino al mediodía de aquel caluroso veinticinco de febrero, con su sombrero y sus botines caminantes del suelo taficeño.  Me dijo, para vos Jota, y me entregó un pequeño paquete, lo abrí con el entusiasmo con el que se espera el regalo y era una máquina de afeitar.
Qué lindo regalo me hizo Ramón; ese presente me invitó a crecer, a mirar adelante, mirarme en el espejo y a pasar mi máquina de afeitar por mi cara. Hoy en día utilizo una máquina parecida, con un solo filo; no quiero aquellas peligrosas de varios filos; sigo con la primera que recibí; siento en cada mañana que sobre mi cara se desliza el regalo de mi tío Ramón; y así él está conmigo.
 

07 de mayo de 1861 - Nace Rabindranath Tagore




Tengo mi propia versión del optimismo. Si no puedo cruzar una puerta, cruzaré otra o haré otra puerta. Algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que esté el presente.


Sir Rabindranath Tagore, en idioma bengalí, রবীন্দ্রনাথ ঠাকুর, (Calcuta, 7 de mayo de 1861 - Calcuta 7 de agosto de 1941) fue un poeta bengalí, poeta filósofo del movimiento Brahmo Samaj (posteriormente convertido al hinduismo), artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones que fue premiado con el Premio Nobel de Literatura en 1913, convirtiéndose así en el primer laureado no europeo en obtener este reconocimiento.
Tagore revolucionó la literatura bengalí con obras tales como El hogar y el mundo y Gitanjali. Extendió el amplio arte bengalí con multitud de poemas, historias cortas, cartas, ensayos y pinturas. Fue también un sabio y reformador cultural que modernizó el arte bengalí desafiando las severas críticas que hasta entonces lo vinculaban a unas formas clasicistas. Dos de sus canciones son ahora los himnos nacionales de Bangladés e India: el Amar Shonar Bangla y el Jana-Gana-Mana.