sábado, 25 de junio de 2016

Los esmeros











Los esmeros

Impecable vestimenta tiene el mozo de San Javier. El muestra una concentración en su trabajo que le permite estar atento a cualquier solicitud de cualquier persona. El observa, escucha y palpita lo que pasa en el salón.
Es el esmero que busca lo que lo pone a actuar así. El que está siendo atendido por él siente más de una satisfacción; encuentra cada cosa en su lugar y si necesita algo más; el esmero del mozo estará para servirlo.
El esmero y el servilismo son bien diferentes. El esmero hace que una persona sea mejor persona a cada instante porque sale de uno; en cambio el servilismo es lo que una persona ejecuta y demanda del otro con acciones de vasallaje.
Si mi tierra es mejor cada día es porque se la trata con esmero. Así es el cerro de Tucumán, donde la naturaleza ha actuado con esmero, ha puesto en sus helechos de todos los tamaños lo mejor de sí; lo hace mejor cerro cada día, lo hace mejor Tucumán cada día.

Los amigos y mis parientes de Tucumán me tratan con esmero; siento que esa “serena amistad”, como dijera Borges en “El amenazado”, es el fresco verdor de los cerros que siempre están, haya ido uno de visita en 1981 o en 2016.



Julio San Martín
Bs. As. 25 de junio de 2016.

domingo, 17 de abril de 2016

Los fuentones

Los fuentones

Julio, lo que tiene que hacer usted a primera hora cuando abra el negocio es colgar los fuentones, dijo Juan Carlos Torga, el dueño del bazar donde empezaba a trabajar ese día Julio San Martín. 
Eran las 8 de una mañana a pleno sol. Ese día empezaba una nueva etapa en la vida de Julio San Martín. Después de muchos años de tareas estresantes en sus diversos roles de Contador Publico, había decidido dar un vuelco en su vida y dedicarse a trabajos distintos.
Tengo que darles algún orden en especial a los fuentones, don Juan Carlos?, preguntó mirando el alambre donde se colgarán aquellos sanos productos.
No, dijo Juan Carlos. Cuélguelos como a usted le parezca que quedarán mejor.
Julio San Martin agarró un palo que tenía un gancho en la punta y el primer fuentón, el azul, con el que empezaría su nuevo trabajo.Cada fuentón tenia un hilo de plástico en su agarradera. El alambre donde colgaban tenía pequeños ganchitos. Él tenía que agarrar con el palo con el gancho el hilo de la agarradera, subirlo hasta el alambre y colocarlo en el gancho de arriba. Así lo hizo y el fuentón azul quedó colgando vistoso y brillante por el sol en la puerta del Bazar Torga. Eran las 8,38 de ese lunes y el había colgado con éxito su primer fuentón.

Vio que la vereda empezaba a poblarse con gente que iba apurada a sus trabajos o quienes empezaban sus compras del día. Voy a colgar ahora el amarillo, pensó. Mejor no, se dijo. Van a darse cuenta de que soy de Boca y no sé de qué cuadro es Juan Carlos. Agarró el verde y lo colgó. Así hizo con todos y al final miró la colorida fila plástica de sus queridos fuentones de colores.
Juan Carlos le dijo que a las 18,40 tenía que descolgarlos. Cuando ya la tarde caía y las luces de la avenida iban anunciando que la noche se acercaba, el empezóo la tarea opuesta a la de la mañana. Mientras en eso estaba, una linda mujer se le acercó y le dijo: que lástima que desarme esa hilera de colores. Yo paso todos los días por la vereda de enfrente para mirarlos, dijo ella. Es usted quien los cuelga, preguntó. Si, soy yo dijo Julio San Martín y llevó los fuentones para adentro porque empezaba a cerrarse el negocio.

Al día siguiente hizo su tarea temprano. Hizo la misma disposición de colores. No perdió de vista la vereda de enfrente a ver si la veía. No la vio. Paso rápido el día, los descolgó a la tarde y se fue a su casa. Ella no vino ese día, o tal vez pasó por la vereda de enfrente pero él no la vio.Al tercer día, cambió el orden de los colores, puso el amarillo al lado del azul, el verde después, el rojo y el blanco. Ojala los vea ella, pensó.
Pasó esa tarde cortando hojas de diario para envolver la tazas y vasos que compraban los clientes, ayudo en ordenar los juegos de cubiertos que llegaron nuevos. El día se le hizo corto; cuando estaba listo para descolgar los fuentones vio que la mujer estaba en la vereda.
Ayer no vine, dijo ella. Estuvieron colgados igual que hoy?, preguntó. No, dijo el. Hoy los cambié. Están hermosos le dijo ella. Me voy al comprar el azul dijo ella y entró al negocio. Julio San Martin empezó a descolgarlos y a llevarlos al deposito. Cuando volvió ella ya no estaba. Termino ese día
Cuando estaba por empezar con su trabajo diario, al día siguiente, Juan Carlos le dijo que no colgara el azul porque lo había comprado una señora. Cerca del mediodía, Juan Carlos le dijo a Julio San Martín que tenia que llevar el fuentón azul a la casa de la cliente. Es aquí cerca, dijo Juan Carlos, en la calle Trole. Julio San Martín puso el fuentón en una bolsa especial para fuentones y se fue a entregarlo. Tocó el portero eléctrico, en el 2 B. Quién es, dijo una voz de mujer. Del Bazar Torga, para entregar un fuentón, contestó. Pase por favor, y subió. Cuando salió del ascensor la puerta del B estaba abierta. Se asomó y estaba ella, que lo miró y le dijo: te estaba esperando...



Julio San Martín, abril 1/2016

"La joven de la perla"




"La joven de la perla"

Muchacha con turbante también te llaman.
Vienes del otrora secreto arte barroco de los 
Países Bajos.


Johannes Vermeer es quien puso la luz
con ese fondo oscuro. Tu mirada cristalina
viene desde siglos buscando 
al hombre que te sigue.

Desde hoy, que te conozco y te sigo
tímidamente, veo otra vez la perla
que es mi vida,
cual foco de luz.

Julio San Martín, Bs. As. abril 17/2016.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Margarita Barrientos

"Margarita creció en una familia pobre y a los once años, cuando la madre murió y el padre abandonó a la familia, vino a Buenos Aires sola. Años después, cuando ella y su marido tenían 10 hijos y tenían problemas para mantener a su familia reciclando, vio que había niños en su propio barrio que pasaban hambre y a pesar de que la familia de ellas estaba pasando dificultades, inmediatamente invitó a esos chicos en su casa para darles de comer", describió Michelle Obama.

Tras alabar la tarea social de Los Piletones, Obama finalizó con una frase de la propia Barrientos: "No importa lo poco que uno tenga, siempre se puede dar algo". Todo lo que da Margarita con su trabajo, ya llegó hasta los Estados Unidos.

sábado, 5 de marzo de 2016

Despierta Tucumán, sin mi.



Vuelvo al ruedo de escribir. Entro de nuevo a la página en blanco y trato de desplazarme adentro de ella. Voy a utilizar mis mejores palabras para tener la ubicación exacta, en el tema, la introducción, el desarrollo y el final. Sé que lo voy a lograr, porque es lo que me gusta.
Dijo Julio San Martín el día de su partida de Tucumán: sé que viajo a la gran ciudad para iniciar una nueva vida, entonces debo prepararme para ella, pero no tengo mucho tiempo para eso, entonces, lo haré durante el viaje. En las dieciocho horas en el tren inicié mi entrenamiento para vivir en Buenos Aires.

Desde chico, armar oraciones con palabras que daba la señorita era un placer para mi. Si la palabra era "cerros", yo escribía en el cuaderno alto: "mis cerros azules me miran cuando camino hacia la escuela"; cuando la llave de la oración debía ser "patio", yo escribía: "si la campana no nos llama, el patio nos extraña".

Mi primera lección en el tren ha sido entrar en la conversación de tres muchachos que venían juntos y que compartían el asiento de primera conmigo. Yo iba para la ventanilla y a mi lado un muchacho que viajaba junto a otros dos que iban en el asiento de atrás. Ya con el tren devorando kilómetros en la tranquilidad de la tarde en tránsito por Santiago, mi vecino me dijo: ¿qué te parece si damos vuelta el asiento para jugar un truco con mis amigos? Si, como no, le dije y dimos vuelta el asiento.

Una vez, la señorita dijo que había que hacer una oración con la palabra "taciturno"; ahí el gusto por las oraciones se me fue hacia la intriga, porque yo no sabía que quería decir taciturno. Pero la audacia de mi tierna infancia, que tenía como pilares mis diarias aventuras jugando a combate en las zanjas de la calle Balcarce, me dio fuerzas y escribí: "cuando viajo me pongo taciturno".

Fiel a mis principios, en el viaje yo me sentía "taciturno"; pero el truco de cuatro que se estaba armando con los muchachos me gustó y empecé a jugar recordando mis noches de juego en la Antoniana, con el amigo Roberto Sandoval. Venga al pie, ni negra me juegue, hasta ahí póngale; envido, treinta y tres, falta envido, truco y quiero retruco. Así fue pasando la tarde hasta que la noche trajo la hora de comer.

Después de las oraciones,las redacciones han sido mi pasión. En la escuela escribí un relato sobre mi mamá que se iba a hacer las compras en el mercado y yo la esperaba en el caminito para ayudarle a traer las bolsas; escribí sobre el trabajo de mi papá en el taller; conté sueños míos, de mis hermanos y disfruté mucho cuando la redacción era tema libre.

Para llevar y comer en el viaje, mi mamá me había dado un pollo hervido. Lo tenía bien envuelto y yo iba pensando en qué momento lo comería. Después de jugar al truco, nos quedamos hablando de San Martín, Atlético, Boca y River. Uno de los changos dijo que lo único que tenían eran unos huevos duros y dos bollos. No se preocupen, les dije, yo tengo un pollo. Los tres me miraron como si yo fuera el Cristo de San Javier.

Para mi, el punto máximo de la redacción ha sido en el curso de ingreso a la facultad de Ciencias Económicas. Tucumán, tenía un sistema de ingreso que se llamaba el Tríptico, que consistía en cursar y aprobar tres materias, entre las cuales había una vinculada con Lenguaje o Castellano. Tuve la suerte de aprobar las dos primeras y debía dar el final de Lenguaje.

Uno de los changos dijo que en la próxima estación él se bajaría a comprar un vino. Esto se está poniendo lindo, dije, mientras pensaba si el pollo estaría trozado. Llegamos a Fernández y mi vecino de asiento se bajó del tren y en cuestión de minutos volvió con un tinto de un litro y una gaseosa. Los demás sacaron unos vasos y yo abrí el paquete del pollo; estaba espectacular, cortado en presas, los muchachos sacaron un bollo, una torta y tres huevos duros. Nos servimos vino con Coca y yo me sentía el maquinista, viajando feliz hacia el futuro.

El día del examen, viajamos muy temprano desde Tafí Viejo a la Ciudad en el auto de Nicolás Sanchez, íbamos los tres con el Pájaro Medina. La cursada era en una sede que estaba enfrente al parque 9 de julio. Cruzamos la ciudad cuando el día estaba dando sus primeros rayos de sol y los negocios del centro empezaban a abrirse; la gente caminaba apurada hacia sus trabajos por las calles estrechas; todo estaba despertando y empezando.

Después de muchas risas, anécdotas, recuerdos de goles y apretones de manos con aquellos amigos compañeros de viaje de los cuales nunca más supe nada, la noche envolvió el tren, el sueño empezó a acercarse y la luz de máquina alumbraba el camino de mi esperanza.

El profesor dijo, al comenzar el examen, que éste consistía en una redacción; que eligiéramos el tema y que él la evaluaría y ahí nomas tendríamos la nota. Concentré mi memoria en las mejores oraciones escritas por mi en la escuela Próspero; en los mejores relatos que leía en mi casa para mi familia; pensé en todo lo que había visto en el viaje hacia la facultad y encontré el título de mi redacción para el examen final: "Despierta Tucumán".

Cuando apoyé mi cabeza entre el asiento verde y la fría ventanilla, el sueño empezó a ganarme y dejé que mi mente hiciera también su sereno viaje hacia el descanso. La dejé relajarse y pensé, mañana despertaré quien sabe adonde; y Tucumán despertará sin mi.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Macedonio Fernández

1952 
Muere en Buenos Aires el escritor, poeta y autor de textos humorístico-filosóficos Macedonio Fernández, autor de "No toda es vigilia la de los ojos abiertos" y "Papeles de recienvenido", entre otras obras. Su magisterio verbal tuvo influencia en Jorge Luis Borges y otros escritores. Nació en Buenos Aires el 1º de junio de 1874, fecha que el propio autor rectifica o desmiente en textos diversos. 

Se apago la luz del mar

Ultima noche cerca del mar. Se apago la luz marina, donde duerme Alfonsina.

Julio San Martín
Mar del Plata 09/02/2016